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Alicia Alonso, figura cimera del ballet Latinoamericano

Arte, el 27/09/2011 por El Triangular Magazine

 

Prima Ballerina Assoluta y Directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso nació en una isla caribeña en la que la danza fue siempre uno de los componentes esenciales de la cultura nacional, pero sin tradición en la danza escénica. No existían en Cuba compañías de ballet, y el primer centro para la enseñanza de ese arte se establece apenas en la tercera década del siglo XX. La Alonso procedía, además, de una familia de clase media - hija de un militar veterinario- en la que no existían antecedentes artísticos.

Cómo el talento de Alicia Alonso pudo elevarse por encima de contingencias ambientales, alcanzar su formación técnica y estética, y realizar una de las carreras como bailarina clásica más brillantes en la historia de ese arte, está íntimamente vinculado a su personalidad e inteligencia, complementando esto, obviamente, por cualidades físicas fuera de lo común para el ejercicio de la danza.  Ella constituye la figura cimera de la danza clásica en el ámbito de la cultura latinoamericana y al mismo tiempo una de las personalidades más relevantes en la historia del arte y de la danza.

 

 

 

Nació en La Habana, donde inició sus estudios de danza en 1931, en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical. Más tarde se trasladó a los Estados Unidos y continuó su formación con Enrico Zanfretta, Alexandra Fedórova y varios profesores eminentes de la School of American Ballet.

Su actividad profesional comenzó en 1938, al debutar en las comedias musicales Great Lady y Stars in your eyes. Un año más tarde integró las filas del American Ballet Caravan, antecedente del actual New York City Ballet. Se incorporó al Ballet Theatre of New York, en 1940, año de su fundación.

A partir de este momento comenzó una brillante etapa de su carrera, como intérprete suprema de las grandes obras del repertorio romántico y clásico. También en esta etapa trabajó junto a Mijail Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, Antony Tudor, Jerome Robbins y Agnes de Mille, entre otras significativas personalidades de la coreografía.

 

 

Fue la intérprete principal en el estreno mundial de importantes obras como Undertow, Fall River Legend y Theme and Variations. En calidad de figura del American Ballet Theatre, actuó en numerosos países de Europa y América con el rango de prima ballerina. En 1948, su preocupación por desarrollar el arte del ballet en Cuba, la llevó a fundar en La Habana el Ballet Alicia Alonso, hoy Ballet Nacional de Cuba, donde ha formad talentos maravillosos.

A partir de ese momento, sus actividades se compartieron entre el American Ballet Theatre y su propio conjunto, que mantuvo con muy escaso o ningún apoyo oficial hasta 1959, año en el que el Gobierno Revolucionario de Cuba le ofreció el apoyo necesario. Entre 1955 y 1959 Alicia Alonso actuó también cada año como estrella invitada del Ballet Ruso de Montecarlo. Fue la primera bailarina del Hemisferio Occidental invitada a actuar en la entonces Unión Soviética, y la primera figura del Continente Americano que bailó como artista invitada con los elencos de los Teatros Bolshoi de Moscú y Kirov de Leningrado. En los años 1957-1958. Durante varias décadas Alicia Alonso realizó anualmente giras por diversos países de Europa, Asia, América Latina, y en Estados Unidos, Canadá y Australia. También ha actuado como artista invitada en Niza, Calcuta, Tokio, Manila, con la Ópera de París, El Real Ballet Danés, El Bolshoi de Moscú, El Ballet del Siglo XX, y en otras compañías y países.Sus versiones coreográficas de los grandes clásicos, son célebres internacionalmente, y se bailan en importantes compañías como los Ballets de la Ópera de París ( Giselle, Grand Pas de Quatre, La bella durmiente del bosque); de la Ópera de Viena y El San Carlo de Nápoles (Giselle); de la Ópera de Praga (La fille mal gardée); y de el Teatro Alla Scala de Milán ( La bella durmiente del bosque).

 

Ha formado parte del jurado en los Concursos Internacionales de Varna, Bulgaria; de Moscú, Rusia, Tokio, Japón y de Brasil. Considerada por la crítica, desde hace varias décadas, como una de las grandes ballerinas detodos los tiempos, Alicia Alonso ha sido acreedora de numerosas distinciones, tanto en Cuba como en otros países. Entre ellos se cuentan el Premio Anual de la revista norteamericana Dance Magazine, 1958; la Orden del Trabajo de la República de Viet Nam, 1964; el Gran Prix de la Ville de París, concedido en 1966 en forma personal y en 1970 conjuntamente con el Ballet Nacional de Cuba, el Premio Anna Pávlova de la Universidad de la Danza de París, 1966; la Medalla de Oro del Gran Teatro Liceo de Barcelona, 1971; el Premio Porselli "Una vida por la danza", Italia, 1983; el Premio Gran Teatro de La Habana, 1985, y Osimo Danza, en Italia, en 1994.

Eminente figura de la vida cultural Alicia Alonso recibió en 1973 el doctorado Honoris Causa en Arte de la Universidad de La Habana y en 1987 el doctorado Honoris Causa en Arte Danzario del Instituto Superior de Arte de Cuba. Fue proclamada Heroína Nacional del Trabajo, y es miembro del Consejo Mundial de la Paz. En 1980 recibió un homenaje internacional en París, organizado por la UNESCO. En 1981 fue galardonada con la Orden Félix Varela por el Consejo de Estado de la República de Cuba. Ha recibido las más altas condecoraciones oficiales de México; Panamá y República Dominicana: La Orden de El Aguila Azteca, La Orden Vazco Nuñez de Balboa y La Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el Grado de Comendador. En 1993 se le otorgó la Encomienda de la Orden Isabel la Católica, que adjudica el Rey de España Juan Carlos I



 

Desde 1993 dirige la Cátedra de Ballet "Alicia Alonso" en la Universidad Complutense, de Madrid. En ocasión del séptimo centenario de este alto centro le fue conferida la medalla conmemorativa. Asimismo, la Universidad Autónoma de Santo Domingo le otorgó el título de Profesora Honoraria en Humanidades.En septiembre de 1996 el Ateneo Científico, Artístico y Literario de Madrid, le rindió un homenaje público por su valiosa creación artística y cultural. Ese mismo año fue designada Miembro de Honor de la Asociación de Directores de Escena de España (ADE).En mayo de 1997 año fue homenajeada en el Metropolitan Opera House, de Nueva York, por el American Ballet Theatre, con motivo del cincuentenario del estreno del ballet Tema y variaciones, creado para ella por George Balanchine, Asimismo, los Festivales de Joinville, en Brasil y de Nervi, en Italia, la homenajearon por su excepcional trayectoria artística.

En 1998 la Universidad Politécnica de Valencia, la invistió con el grado de Doctora Honoris Causa, y fue distinguida con la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ese mismo año, la República Francesa le impuso la Orden de las Artes y las Letras, en el Grado de Comendador, y el Consejo de Estado cubano la condecoró con el título de Heroína Nacional del Trabajo de la República de Cuba. En diciembre del año 2000, el Gobierno de su país la condecoró con la más alta distinción que otorga: la Orden "José Martí".Como Directora y figura principal del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso ha sido inspiración y guía para la formación de una nueva generación de bailarines cubanos, con un estilo propio que ha conquistado un lugar destacado en el ballet internacional



 

La bailarina:

Existen artistas en los cuales parece confluir todo el saber que les antecedió, y que poseen además la capacidad de asimilar ese acervo y ascender hacia un nuevo estadio, a partir del cual se trazan los derroteros que seguirán sus contemporáneos y sucesores. Alicia Alonso es una de estas figuras hitos, que ha significado al mismo tiempo culminación y proyección hacia el futuro, en el arte de la danza. En esta bailarina confluyeron felizmente factores decisivos para la conformación de su excepcionalidad. Tales han sido sus condiciones físicas naturales, preclara inteligencia, sensibilidad artística, voluntad y disciplina. Esas peculiaridades fraguaron en un momento histórico muy específico, que se caracterizaba por el despegue y el auge inmediato del arte del ballet en los Estados Unidos, país donde ella comenzó la etapa profesional de su carrera y alcanzó la categoría de estrella internacional. Diversos factores de carácter político, económico y social atrajeron hacia Norteamérica a numerosos profesores, coreógrafos y bailarines de diversas escuelas, y a otros artistas relacionados con la danza. Y los más importantes de ellos intervinieron, de una u otra manera, en la formación de ese milagro artístico que se llama Alicia Alonso.

Aquella joven bailarina supo discernir, asimilar e, incluso, perfeccionar los conocimientos que recibió de los mejores maestros de la época y, a lo largo de ese proceso, reunir en su técnica lo mejor de esos aportes, proyectarlos más allá de lo parámetros vigentes en la época, y otorgarles una coherencia estilística y dramática realzada por su poderosa personalidad escénica. Su espíritu creador se sirvió magistralmente de la herencia recibida. Cuando se analiza lo que Alicia Alonso supo identificar y resumir, se establece nítidamente el hecho de que los niveles técnicos que estableció la bailarina se adelantaron notablemente a su época, sin que ella misma tuviera conciencia del salto de calidad que estaba impulsando. La Alonso marcó pautas técnicas que, consciente o inconscientemente, sirvieron de meta o modelo a numerosos artistas de la danza. Si en alguna medida ella se convirtió en un punto de referencia para sus colegas en los Estados Unidos, como han admitido varias estrellas del ballet en Norteamérica.


 

 

En Cuba su arte constituyó -y constituye- el punto de partida absoluto para las generaciones que ha contribuido a formar. Estos módulos técnicos han trascendido no sólo en los bailarines, profesores y coreógrafos, sino que también se manifiestan en las exigencias de un público que, en gran medida, aprendió a valorar la técnica del ballet viendo en escena a su gran bailarina.

En el baile de Alicia Alonso hay que destacar, como aspecto esencial, lo que ella alguna vez ha denominado "honestidad" en el ejercicio de la técnica; es decir, la ejecución de los pasos a partir de una rigurosa práctica de las reglas del baile clásico, en el entrenamiento y en la interpretación del repertorio tradicional. Sus propias palabras nos dicen:

En el aspecto técnico considero de gran importancia la honestidad del bailarín, del creador, del artista. Hay que enfrentar las dificultades hasta vencerlas y luego extender sobre ellas la ilusión de la facilidad. Con el dominio de la técnica de ballet se conquista la libertad para la danza. Se hace espontáneo a los ojos del público lo que requirió antes un gran trabajo físico e intelectual. Si uno logra eso, ha logrado una obra artística...


 

 

 

 

Otro tanto puede decirse de su respeto a la tradición coreográfica y a la pureza de los estilos, principios de ética artística que la Alonso, como depositaría de una gran tradición, siempre ha defendido, en primer lugar, con su propio arte y magisterio. Esos elementos no son siempre atendidos de manera suficiente por las nuevas generaciones de bailarines, coreógrafos y profesores. Y sin embargo, de ese respeto depende en gran medida la vigencia del arte del ballet y, de hecho, su continuidad histórica. En tal sentido, son necesarios el estudio y la comprensión cabal de la verdadera esencia del legado de Alicia Alonso. Constituir este legado en su conciencia artística, es una meta primordial de la escuela cubana de ballet, es la mejor garantía de la permanencia y desarrollo de esa

expresión cultural que identifica y enaltece la cultura nacional de Cuba.

Un elemento sustancial en el arte de Alicia Alonso, ha sido que ella posee el don de convertir la técnica en un hecho significante, de trasmutar la mecánica de pasos en expresión. Cómo ella logra convertir un simple développé en un hecho poético, será siempre un misterio. Esta pregunta se la han hecho numerosos críticos en el transcurso de su larga carrera. Por ejemplo, Alan M. Kriegsman, en The Washington Post, expresaba en 1976:

"¿Cómo ella logra concentrar tanto sentimiento en la ejecución de un simple arabesque, y es un misterio sólo conocido por los genios. Nunca hubo un movimiento dividido en partes, sino una forma única, vibrante, de la más cabal pureza. El momento en que inició los battements pequeños, estremecedores, del abrazo final, fue suficiente para sentirnos desgarrados?".

Y con estas mismas convicciones, en 1979, concluía Martín Bernheimer, en Los Angeles Times: "Hablar de Alicia Alonso en términos de pirouettes y entrechats es hablar de un océano en términos de conchas y peces plateados". Y es que la esencia de su virtuosismo no reside en la sorprendente habilidad física, sino en el deslumbrante efecto que alcanza con cada paso o movimiento. Tan es así que, cuando ella ejecuta los pasos, lo que el público aprecia no es la hazaña física, sino la formidable fuerza expresiva que da vida a un personaje, a un estilo, a una dramaturgia. También se puede ilustrar esto con palabras de la propia Alonso:

Nunca se repetirá suficientemente que la técnica es un medio, no un fin, y nunca debe confundirse con la danza misma. Cada movimiento debe tener una justificación dramática, psicológica, estética, y debe aparecer como algo necesario en relación con el conjunto de los otros movimientos que forman esa danza en su totalidad.

Hay en la Alonso una cualidad distintiva -difícil de expresar con palabras-, que consiste en convertir cualquier movimiento, cualquier gesto, cualquier detalle, en "una especie de poesía pura", en el sentido de la síntesis artística que muestran y del poder expresivo con que conmueven. Aun en los breves instantes de quietud, Alicia Alonso baila. Hay en ella una irradiación danzaria permanente. Es por ello que Claude Baignéres escribe: "cada movimiento de Alicia Alonso le otorga una envergadura inhabitual al sentimiento que expresa". Es preciso no olvidar otro aspecto que es piedra de toque gracias a la cual Alicia Alonso pudo alcanzar su inusual perfección técnica: la disciplina del trabajo diario, su entrega, esa humildad de saber convertirse todos los días en la más modesta de las alumnas. Hay aquí una de las claves de su grandeza, y uno de los factores que ha permitido que cristalice en ella su excepcional maestría artística.

 


 

La coreógrafa:

Alicia Alonso tiene en su haber un relevante trabajo en la creación coreográfica, que se ha caracterizado por la diversidad temática y formal.Su actividad en este campo se inició con La condesita, comedia-ballet, con músicade Joaquín Nin, que tuvo su estreno en 1942 en el Teatro Auditorium de La Habana.Ese mismo año se inspiró en una obra de Pirandello para el montaje de La tinaja, una arlequinada estrenada por la Asociación Teatral La Silva. Ensayo sinfónico, inspirado en música de Brahms, fue un ejercicio neoclásico de gran aliento que la coreógrafa creó para el Ballet Nacional de Cuba en 1950, y que el American Ballet Theatre, en Nueva York, incluyó en su repertorio el año siguiente.A esta obra siguió un ballet de tema psicológico titulado Lydia, con música de Francisco A. Nugué, estrenado en 1951, y cuyo papel protagonista fue además uno de sus grandes personajes como intérprete.También fue idéntico su éxito como coreógrafa e intérprete en El pillete, en 1952, con música de Jean Sibelius. En 1967 tuvo su estreno El circo, con música compuesta especialmente por Enrique González-Mántici, obra que se mantuvo varios años en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba. Un hito en la creación coreográfica cubana fue, en 1978, su ballet Génesis, realizado en un trabajo conjunto con el compositor italiano Luigi Nono y el artista plástico venezolano Jesús Soto.

Este título, de original temática, caracterizado por su audacia formal, constituyó uno de los éxitos del Ballet Nacional de Cuba en la gira realizada ese año por los Estados Unidos. De 1980 data el ballet Misión Korad, obra que tiene como base literaria una obra del género de ciencia-ficción. En 1987, tuvo a su cargo la coreografía y la dirección escénica de la ópera El caminante, del compositor cubano Eduardo Sánchez de Fuentes, presentada en el Festival Internacional de Arte Lírico de La Habana. En 1990, la coreógrafa estrenó los ballets Pretextos, con música de Claude Marbehant, y Sinfonía de Gottschalk, sobre la sinfonía Noche de los trópicos, del compositor norteamericano Louis Moreau Gottschalk; ambas obras exploran ampliamente las posibilidades del Cuerpo de Baile y, en especial la segunda, hasta el presente constituye una magnífica carta de presentación del Ballet Nacional de Cuba. La trágica vida de Juana de Castilla, sirvió de inspiración a la Alonso para su ballet Juana, razón y amor, con música de Juan Piñera, estrenado en 1993, el mismo año en que se produjo la representación de El invierno, cuadro del espectáculo Las cuatro estaciones que, sobre la música homónima de Antonio Vivaldi, fuera presentado por el Ballet Nacional de Cuba en Madrid, y en que participaron otros coreógrafos cubanos. El Vals de la mariposa, una pieza de Ernesto Lecuona que el destacado músico cubano dedicara a Anna Pávlova fue coreografiada también en 1990 por la Alonso bajo el título de Retrato de un vals. Dos nuevas obras de ese compositor fueron llevadas a escena por la coreógrafa en 1995, con motivo de la función de gala que ofreciera el Ballet Nacional de Cuba por el centenario de Ernesto Lecuona: La commedia è… danzata, sobre personajes de la commedia dell´arte, e Irazú, rescate de una partitura inédita del Maestro, que tiene como argumento una leyenda indoamericana. Ese mismo año, se presentó su creación Farfalla, con música de Piotr Ilich Chaikovski, obra incluida en la gala coreográfica sobre la música del compositor ruso representada por la compañía cubana en diversas ciudades de Italia.

 

 Uno de los aspectos más notables de la labor de Alicia Alonso como coreógrafa es su trabajo en la recreación y montaje de clásicos del siglo XIX como Giselle, El lago de los cisnes, La bella durmiente del bosque, Cascanueces, Coppélia, Don Quijote, La fille mal gardée y el Grand pas de quatre, obras por las cuales ha recibido un amplio reconocimiento internacional.Las versiones de esos famosos títulos, realizadas por Alicia Alonso, están presentes no sólo en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba, sino también en otros importantes conjuntos del mundo, como la Ópera de París, la Ópera de Viena, la Scala de Milán, el Teatro San Carlo de Nápoles, el Teatro Colón de Buenos Aires y la Ópera de Praga. Significativa fue en su trayectoria la reconstrucción de la obra Dido abandonada (1988), del coreógrafo del siglo XVIII Gaspare Angiolini, por la cual la Bailarina obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Edimburgo, en 1991. En 1998 la coreógrafa estrenó su nueva versión integral del clásico Cascanueces -una coproducción del Ballet Nacional de Cuba y los Teatros Carlo Felice, de Génova, y La Fenice, de Venecia-; y el ballet Tula, coproducción del Ballet Nacional de Cuba, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Fundación Autor. En 1999 estrenó En las sombras de un vals, con música de Joseph Strauss, y en el año 2000 realizó los estrenos de Umbral, con música de Johann Christian Bach y Diálogo a 4, inspirada en la música del compositor cubano Ignacio Cervantes. Sus más recientes creaciones son Un viaje a la Luna, comedia-ballet sobre una obra original de Carlo Goldoni y el filme homónimo de Georges Mélies, con música de Giuseppe Verdi; y Danzantes, obra para seis bailarines con música de los compositores chinos Reng Guang y Huang Yijung, ambas puestas en escena este año.

La maestra:

Alicia Alonso ha podido decir a lo largo de su carrera artística como intérprete: "Yo enseño bailando". Varias generaciones de bailarines definieron su vocación por la impresión recibida al verla actuar en la escena.Interrogada una joven primera bailarina que había recibido su formación artística en Cuba, muy cerca de Alicia Alonso, sobre qué aspecto agradecía más de su maestra, entre la herencia múltiple recibida, expresó: "ante todo, verla bailar". Una característica del desempeño artístico de Alicia Alonso es el hecho de que, desde los inicios mismos de su carrera, se preocupó por transmitir sus habilidades y conocimientos a las jóvenes generaciones. Se formó ella misma enseñando simultáneamente a los demás y, en cuanto a la enseñanza de los estilos históricos del ballet y los elementos de la tradición -básicos en este arte- fue siempre la máxima responsable dentro del Ballet Nacional de Cuba, desde la fundación de esta Compañía en 1948.El gran poeta cubano José Lezama Lima se preguntaba en 1949: "¿Cómo usted, Alicia Alonso, pudo hallar esta tradición, hacernos pensar a todos en las posibilidades secretas de expresión y de forma que algún día podrán ser estilo, aclaradas por la danza y aseguradas en sus números de ejercicio". Ese día llegó para el arte de la danza, con la consolidación de la escuela cubana de ballet, máximo aporte de Alicia Alonso en el aspecto magisterial, de su influencia formativa en otros bailarines. Sea la propia artista en sus palabras quien exprese los elementos fundamentales de la escuela cubana de ballet.

 


 

 

José Manuel Carreño, uno de sus alumnos .................

En los cimientos de una excepcional carrera artística, como sustento de una plenitud expresiva, siempre encuentra la fuerza de una personalidad, el triunfo de un carácter.

Alicia Alonso nació en una isla caribeña en la que la danza fue siempre uno de los componentes esenciales de la cultura nacional, pero sin tradición en la danza escénica. No existían en Cuba compañías de ballet, y el primer centro para la enseñanza de ese arte se establece apenas en la tercera década del siglo XX. La Alonso procedía, además, de una familia de clase media - hija de un militar veterinario- en la que no existían antecedentes artísticos.

Cómo el talento de Alicia Alonso pudo elevarse por encima de contingencias ambientales, alcanzar su formación técnica y estética, y realizar una de las carreras como bailarina clásica más brillantes en la historia de ese arte, está íntimamente vinculado a su personalidad e inteligencia, complementando esto, obviamente, por cualidades físicas fuera de lo común para el ejercicio de la danza. Disciplina, energía y un concepto positivo y optimista de la vida, son rasgos distintivos de la personalidad de Alicia Alonso. El problema de la enfermedad de sus ojos, que comenzó al comienzo mismo de su trayectoria artística, hubiera resultado el final de la carrera para cualquier otra bailarina que no poseyera su vocación y entereza de ánimo. Sobrellevó esa dificultad durante toda su vida profesional, llegando a culminar no obstante lo que ha sido sin dudas la carrera más larga de una bailarina clásica, ya que debutó en la década de los años treinta, y se mantuvo en la escena como bailarina hasta 1995, para continuar hasta nuestros días su notabilísima actividad como coreógrafa, profesora y directora artística.

La personalidad de Alicia Alonso se enmarca desde hace varias décadas en los grandes mitos de la escena teatral, entre los llamados "monstruos sagrados". Su permanencia hace que se le considere un leyenda viva del ballet. En su país natal es mucho más: un verdadero símbolo, que trasciende de lo artístico para entrar también en el terreno de la sociología. Ello es no sólo resultado de sus cualidades artísticas excepcionales, sino también de la fuerza de su personalidad. Como dijo el escritor Juan Marinello- "Alicia Alonso es un ímpetu tenaz, frenético, heroico - disparado contra la enfermedad y contra el tiempo-, hacia la perfección incansable".


 

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