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El Patriarcado y el Mito de la Sirena según Lola Hoffman

Bienestar, el por El Triangular Magazine

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"El ser humano no puede ser propiedad de otro ser humano"
 
El sufrimiento humano que tanto atormenta a las parejas de hoy tiene sus raíces en el concepto de propiedad: el decir mi' marido, 'mi' mujer. Esa palabra 'mi' es el sufrimiento. 
El ser humano no puede ser propiedad de otro ser humano. Puede ser tremendamente generoso, tremendamente amoroso, pero no puede ser propiedad de otro ser y sentirse como tal.
 
 Este ha sido uno de los grandes planteamientos de Helena Jacoby más conocida como Lola Hoffman,  Fisióloga, psiquiatra y guía del crecimiento interior. 
Lola Hoffman no seguía rígidas filosofías pues constantemente buscaba herramientas que ayudaran al crecimiento del individuo. Tenía una singular  manera de enfrentar el tema de la sexualidad, puntos de vista que muchas veces le valieron el rechazo de sectores más tradicionalistas, así como también hubo personas que interpretaron mal sus teorías, lanzándose por caminos diferentes a los que ella creía como sanos para el ser humano. 
 
 
 
Eros y la sexualidad
Lola no tenía prejuicios ante las opciones personales del ser humano: "Creo que la sexualidad es la base del amor y de todo lo que lleva al ser humano a hacer algo positivo, algo bueno. La especie humana es la única, dentro de los animales de sangre caliente, que tiene esta particularidad. La sexualidad es la base del Eros, y Eros es, una tendencia a”. 
 
 
Hay Eros del estudio, de la adquisición de conocimientos; Eros de la lejanía. Hay personas que viajan porque quieren conocer el mundo y es tan fuerte este impulso, que lo hacen. Hay Eros de ayudar al prójimo, así hay personas que consagran su vida a los demás. Todas estas tendencias positivas y que contribuyen a enriquecer el Yo, son Eros. Por lo tanto,  no todo es sexual, pero Eros nace de la sexualidad pues sin sexualidad no hay Eros.
  
No obstante, existe un gran error entre Eros y la sexualidad, una confusión terrible que se aplica al pensar en conformidad al ya antiguo paradigma patriarcal de nuestra sociedad, mentalidad que por cierto aún  vive en la psiquis femenina: 
 
'Si yo amo a un hombre, tengo que vivir con él, y tenemos que vivir uno encima del otro...' es decir, se mete a Eros en la cotidianeidad, destruyendo la magia. Si uno establece una relación plena, libre, aunque el otro esté lejos, y se atreve a amarlo, y estar seguro de ser amado; aunque el otro tenga otros encuentros que aporten riqueza a la vida. Pero, como estamos, educados para ser posesivos, celosos, todo se destruye. 
  
 
La gran  secuela del Patriarcado
Lola Hoffman ha sido enfática "Una de mis principales labores en psiquiatría ha sido: desestructuración de lo patriarcal en nosotros y reestructuración del yo”
Para Lola, la mujer desarrolla dos grandes vacíos: el vacío sexual y el vacío espiritual, razón por la cual se instala enérgicamente en la vida del hombre tratando de dominarlo y de explotarlo con el fin de llenar su propia frustración. 
A este proceso lo denominó  como 'el mito de la sirena' o de la 'femineidad', que provoca tanto sufrimiento. La sirena, cuyo norte es atraer al hombre, desde el ombligo para abajo es un pez: completamente fría. Femenina y frígida. Atrae al hombre, pero no lo puede satisfacer. En cambio, esta cola de pez hace que ella tenga que vengarse, hundiendo al hombre, destruyéndolo, sometiéndolo a su voluntad.
 Este mito de la 'femineidad' seduce por igual a hombres y mujeres. A la mujer, porque la 'femineidad' le da poder sobre el hombre, quien es el que tiene poder en el mundo. En el fondo, todo el asunto radica en poder, y la mujer lo aprendió del patriarcado. 
 Sin embrago, el drama es que su 'triunfo' sobre el hombre es a costa de su propia persona. De no ser persona. Por su parte, al hombre machista o patriarcal no le gusta la mujer persona, y por lo mismo, lo excita mucho la sirena. Sí, esa misma que después intentará destruirlo.
No obstante, el patriarcado y sus consecuencias no son una 'culpa' de los hombres solamente, sino un fenómeno de vida que involucra a toda la humanidad. Así, la mujer trabaja en contra de sí misma y a favor del patriarcado. Ella es en el fondo, la propagadora máxima del sistema pues ha sido educada para desear sólo la familia, preocuparse sólo de sus hijos y crearle cierto confort a su hombre, nada más, convirtiéndose en una individualista, egoísta, encerrada en sí misma porque la base del patriarcado es el egoísmo, es lo que caracteriza a la familia nuclear, tener cosas sólo para la familia, la falta de altruismo para con los demás.
 
 
La rebelión femenina
A pesar de esta visión negativa acerca del patriarcado y sus severas consecuencias, después de seis o siete mil años de dominación,  ya se advertían a través de la Historia algunos signos concretos de cambio. 
 
Ya hace más de un siglo que la mujer comenzó a protestar. La mujer podía hacer perfectamente bien trabajos llamados masculinos, podía pensar y estudiar en la universidad, vivir como mujer soltera y conquistar un cierto status, lo que antes era imposible. Y, al mismo tiempo que algunas mujeres protestaban, otras empezaban a cultivarse: a pensar, a filosofar, a escribir, a trabajar. Actualmente existe una enorme cantidad de mujeres buscadoras, mujeres que tienen la necesidad de cambiar de pensamiento. Las mujeres están movilizadas y hay una real integración de la mujer a la sociedad en los procesos creativos.
 
 
De soledad a soledad…
 Ha sido la mujer la que se rebeló primero contra un estado de cosas y un sistema de vida que le acarreaba sufrimientos. 
 
 
Pero hay que tener algo muy claro, el hombre tampoco lo pasaba bien., porque esto, de que la mujer llene su vida chantajeándolo, es una enorme carga para él también y  para los hijos, en cuyas vidas generalmente la mujer también se entromete negativamente. 
 

Todo esto ha llevado al matrimonio patriarcal a la tremenda crisis que estamos viendo a nuestro alrededor pues la pareja convencional ya no resiste la dominación mutua. 
 Y aunque la mayoría está lejos de poder construir una sociedad basada en la equivalencia sexual, hay algunos adelantados que ya comprendieron el problema y que están intentando nuevas normas de convivencia. 
 
 

Lola Hoffman planteó con soltura y franqueza lo siguiente: 
 

“La pareja sólo es posible de soledad a soledad, de integridad a integridad. No de necesitar apasionadamente al otro... y explotarlo”
 
 
"En mi larga vida, yo he visto que una proximidad exagerada en espacio destruye el 'eros'. Hay una sumación de pequeñas irritaciones, sobre todo de noche, al dormir en la misma cama. Por ejemplo, uno enciende la luz porque quiere leer y el otro quiere dormir. Esas pequeñas e inocentes irritaciones se suman, produciendo al día siguiente una terrible molestia. Hay que tener mucho cuidado con una proximidad exagerada. Cuando yo le he propuesto a una pareja que casi se saca los ojos mutuamente, que separen dormitorios, de inmediato esgrimen que no hay más piezas en la casa y, sobre todo, están acostumbrados y que no pueden dormir sin el otro. Yo llamo este fenómeno 'adicción a la cama'. Como al alcohol o la morfina. Una tremenda esclavitud. Por paradójico que parezca, mientras más separación haya en el espacio, tanto más cercanía espiritual"
 
Definitivamente, en una sociedad donde muchas mujeres son creativas, estudian, trabajan e incluso ocupan cargos importantes, podría decirse que su visión no corresponde a la realidad y que un gran porcentaje de aquellas mujeres tienen una vida sexual y afectiva llena de carencias y frustraciones.
Estamos hablando del trágico hecho de que la mitad de la humanidad no participa en el proceso creador. Con excepción de algunos millones. Pero, ¡qué son dos o tres millones de mujeres creadoras!
 
 
¿Son felices las mujeres de nuestro tiempo? 
 
Muchas veces la mujer no tiene conciencia de su infelicidad. No entiende qué le pasa, pero el hecho es que siempre está muy cansada, aburrida, histérica, nerviosa. Y el drama se desencadena cuando los hijos crecen y se van de la casa. Entonces siente que no es útil para nadie y que no tiene nada que hacer. Otro hito es cuando termina el período de ser objeto sexual para el hombre. De repente descubre que no es nada, que no es un 'yo' aceptable para sí misma. Nuestra época pone un énfasis enorme en la juventud y no tenerla es una crisis feroz.
 
Lola señaló al respecto: "El noventa por ciento de las mujeres que llegan a mi consulta sufren depresión y angustia, consecuencia de una vida frustrada, lo que les produce una tremenda agresividad. Como es imposible dirigir esta agresividad contra la familia, que uno tiene que amar, la dirigen contra sí mismas. Y una persona triste, sin impulso, sin vida, no puede agredir. Se asegura de no poder agredir y no tener así una culpa adicional, y entonces se agrede a sí misma y se muere en vida. Pierde el interés por todo, se dedica a jugar a las cartas y otras actividades sin sentido. Yo he conocido algunas que se metieron a la cama y no salieron más”.
 
Para romper con esta vida mediocre, las mujeres tienen que dedicarse a trabajar, introduciéndose en el mecanismo de la cultura. Y esto no es un tema de feministas sino que está en la naturaleza humana: participar en la creación.
 
  
 
El Principio Femenino: ¡dar Libertad!
 
Al principio femenino pertenece, antes que todo, el alimentar física y espiritualmente,  pero hay otro elemento que, hasta ahora, la mujer no ha asumido y hecho suyo, que es dar libertad. Soltar. Hay que tener el valor de exponer al niño a tareas más o menos difíciles y no sobreprotegerlo por egoísmo, por evitar el sentido de culpa, si algo le sucede.
Porque la creación de tener hijos no basta. Una madre ama profundamente a sus hijos y sufriría tremendamente si les pasara algo, pero no deben convertirse en el centro de su vida y, sobre todo, ellos no desean serlo. No hay que meterse en la vida de ellos. Ellos viven su vida y  la mujer, por supuesto, goza con todo lo que hacen, pero hay que negarse a tomar como centro de su vida el rol de la abuelita feliz.
 
"Estoy segura, que las mujeres dan demasiados cuidados; demasiada protección a sus niños. Se ha demostrado, hoy en día, que la dedicación exclusiva de la madre al niño en su primera infancia no redunda en provecho para su desarrollo. Al contrario. Mientras con más personas se relacione el niño, tanto más normal y sin mayores conflictos resultará su vida. Decididamente son los padres, en la mayoría de los casos, los focos de las enfermedades psíquicas más graves”
 
 
 
 
 
 
La verdadera esencia del feminismo en el espíritu de Lola Hoffman
 
 
El espíritu del movimiento feminista ha cambiado mucho. Ya no se trata de la lucha contra el hombre; por el contrario, la mujer le ofrece compañerismo y amistad, y esto es lo más grande que se le puede, ofrecer. La mujer que ha entendido su rol, propone formar una pareja en la cual ambos tengan oportunidad de desarrollarse y ayudarse mutuamente en este desarrollo.
 
 
Durante toda su vida profesional, en el curso de más de cuarenta años, Lola formó un nuevo pensamiento en Chile, enseñó a gran cantidad de personas a mirar sus sueños, a creer en sí mismas, a liberarse de las ataduras del patriarcado. Para muchos de sus pacientes y amigos, el contacto con esta gran mujer fue decisivo en sus vidas.
 
Lola insistía en que el proceso de crecimiento interno no se detenía jamás. Cada nuevo día es posible aprender algo que aporte a la propia evolución. Atendió en su consulta a gente importante y a gente sencilla, a todos los escuchó por igual, enseñándoles a conectarse con los mensajes del inconsciente.
 
 
 
 
 
Vida plena y real en la madurez femenina.
Lola atendió preferentemente  a mujeres en la segunda mitad de la vida, etapa, según decía, en la cual suceden las cosas realmente importantes para la humanidad.
Para ella, su tarea consistía en cooperar con la crisis mundial, que no sentía como espantosa, pero necesaria. Una crisis que marca el final de una época, que conlleva todas las dificultades de un final. Se dio cuenta de que su tarea era fomentar un nuevo paradigma, no el patriarcal. 
Sus conceptos acerca de la familia, de la sexualidad, del amor, de la paz, de la ecología, fueron acogidos por muchos y detestados también por otros, Mantuvo especiales relaciones de amistad y amor con mucha gente que la recordará con especial cariño como una gran mujer que impactó en sus vidas.
 
 
Lola, además de continuar con el deseo vivo de aprender cada día, también se preocupaba con esmero de su presencia. En su estilo clásico combinado a veces con zapatillas deportivas y calcetines de lana cruda. Usaba su cabello recogido bajo una fina malla. Le gustaba que la peinara un joven peluquero, que tenía su pequeño negocio cerca de su casa, en Peñalolén.
 
Nunca dejó de leer, de aprender cada día, de estar al tanto de lo que pasaba en el mundo: nunca se cerró ante nuevas proposiciones pues era su modo de mantener vivo el cerebro.
  
Le daba fastidio ver como las personas, al llegar a la vejez, se olvidaban de sí mismas y se echaban a morir, culpables del hecho de no ser jóvenes.
 
 
 
Así hablaba de los ancianos:
 
 
"En este tiempo de cultivo de la juventud, todo el mundo quiere ser joven. Creo que es un error. Mi experiencia me lleva a decir que es maravilloso madurar. Hay que ponerle fuerza y energía para no caer en el pensamiento colectivo que lleva a los ancianos a saltar al campo enemigo y mirarse desde allí, criticarse y sentirse culpables de ser viejos.
 
 
Los viejos tienen conciencia del deterioro: decaen las células, la corteza cerebral degenera y se vuelven cada vez más tontos e impotentes. Los viejos no hacen ejercicio, no se mueven, están como eliminados de la sociedad. En tiempos pasados, el anc¡ano era un valor en la sociedad. Una vida larga es una existencia vivida con muchas experiencias. Pero, actualmente, la no aceptación de la vejez hace que la gente degenere. Es una toma de conciencia que tiene que ser asumida por todas las personas que, al llegar a la madurez, hay que continuar desarrollándose, y la mejor forma de hacerlo es el estudio.
 
No obstante, Lola fue la demostración plena de que se puede lograr lo contrario, de que se puede disfrutar de los placeres de la vida en la madurez, que se puede disfrutar de la sexualidad y la libertad porque tal como decía ella misma: "Una persona que no toma conciencia de sus deficiencias y no las corrige, 'se va al tarro de la basura' ".
 
 
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