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Los Masái: El pueblo escogido por Ngai

Cultura, el 11/05/2011 por Geraldine Garate Ormeño

 
 
De todas las tribus nómades que pueblan el continente africano, he decidido comenzar por buscar información en torno a la figura de los masáis debido a la gran singularidad y belleza que los caracteriza, además de ese halo de orgullo guerrero que poseen con solo revelar su estampa, sin contar con la magia de sus tradiciones y leyendas.
 
 
Los masáis (también se escribe "maasai") son un pueblo estimado en unos 883.000 individuos, que viven en Kenia meridional, y en Tanzania septentrional. Hablan maa, que es una lengua nilótica oriental, si bien muchos de ellos son capaces de expresarse correctamente en suajili e inglés.
La creación de fronteras y de límites territoriales impuestos forzó algunos cambios en su estilo de vida, aunque no tan drástico como en el caso de otros pueblos nómadas.
La mayoría de los masáis mantienen su religión tradicional, aunque algunos han adoptado alguna forma de cristianismo. 
Los masáis son, por tradición, pastores nómadas que viven en las llanuras abiertas, su vida y su cultura tradicionales giran en torno a su ganado vacuno, en el cual cifran principalmente la riqueza, y se trasladan a donde las condiciones sean mejores para sus reses. Crían, además de ganado vacuno, cabras, ovejas y asnos, recolectan algunas especies vegetales autóctonas como el aloe vera, que emplean para las quemaduras, pero, por lo general, no se dedican a la agricultura.
 
  
La Telepatía de los Masai y su Cosmovisión
 
“Recordé   también que, cuando vivía con los masai en Kenya y viajé a Tanzania, encontré a otros masai que conocían mi nombre y sabían que era hermana de sangre de los masai sin que nadie se lo hubiera dicho. Entonces acepté la explicación  que me dieron los cazadores blancos del safari, de que, en su opinión, los masai dominaban la telepatía. Me dijeron que los masai no tenían otro medio para comunicarse entre sí a través de toda África, de manera que, por necesidad  y también porque practican el pensamiento comunitario, podían hacer lo que el mundo civilizado era incapaz de conseguir a causa de su espíritu competitivo: comunicarse con sus hermanos por transmisión del pensamiento” (Shirley Maclaine; Lo que se de mí; 1992)
 
La telepatía es tan antigua como el hombre; incluso algunos científicos afirman que posiblemente al principio de la humanidad era una facultad que poseían naturalmente ciertas personas y servía como medio de comunicación para muchas organizaciones humanas que se han mantenido hasta nuestros días como es el caso de la tribu africana de los Masai.
Según las antiguas creencias, en el comienzo de la Creación, Dios le otorgó vida a los masai y luego creó el ganado para que viviera con ellos; por lo tanto los masai creen que todo el ganado del mundo es suyo por derecho divino, por eso para ellos apoderarse de las reses no es un “robo” es un derecho.
Los masai, son dirigidos por los laibon (profetas), y llegaron a considerarse como el pueblo escogido del África oriental; incluso hoy en día algunos masai dicen que ellos son la tribu perdida de Judá.
Cuenta la tradición que un día, cuando las lluvias eran escasas, un grupo de "moran"(guerreros masai) descubrieron a un anciano llamado Ole Mweia sentado en lo más alto de los montes de Ngong (la intrincada cadena de verdes colinas al lado del Great Rift Valley), dominando desde allí el vasto paisaje de lagos volcanes, aquella figura humana era la del enviado de Ngai (Dios), investido con poderes para traer la lluvia, predecir el futuro y comunicarse por telepatía.  El fue el primero, y el más grande, en la larga línea de los "laibon" o profetas masai, que tan poderosamente han influido y aconsejado a este pueblo en la guerra y en la paz. 
 
Su religión se centra en torno a creencias místicas que conciernen a los masáis, a su ganado, y a Dios. La religión de los masai es monoteísta y austera, siendo la lluvia la principal manifestación de bondad de Ngai.  El "laibon" es el intermediario entre Ngai (el Creador) y el pueblo masai. Su cargo es hereditario y limitado a una reducida casta. Actúa como juez y también predice el devenir de los acontecimientos examinando las vísceras de una cabra o agita guijarros en un cuerno de búfalo, la interpretación dependerá de la posición en que caen. Además, preside las ceremonias, asegura la fertilidad, autoriza la guerra y trae la lluvia y dicen que tienen una desarrollada capacidad de comunicarse mentalmente traspasando las limitaciones físicas. 
 
Una de las tareas más importantes del laibon es la de aconsejar a los moran, los cuales deben mantener la tradición que les prohíbe tomar alcohol o aspirar tabaco por la nariz. El único estimulante permitido es la corteza del árbol de la mimosa, que mascan antes de entrar en batalla o ir a robar ganado.
Según sus creencias muy pocas personas son merecedoras de la vida eterna y los cadáveres, generalmente, se dejan a merced de los carroñeros. Como se piensa que una casa queda contaminada si alguien muere dentro, los enfermos desahuciados son expulsados y quedan en el campo para que sean devorados por las hienas, aunque todavía estén plenamente conscientes.
En casos excepcionales los cadáveres de los grandes hombres son enterrados en una tumba poco profunda, con la cabeza inclinada hacia la casa, y a su lado depositan hierba, un bastón y sandalias nuevas. Los "Laibon" o profetas, reciben sepultura bajo un túmulo de piedras, sobre el cual la gente devota tira un guijarro al pasar. Los muertos no son nunca nombrados, y si el difunto tenía un apodo, en la conversación conviene utilizar un sinónimo de esta palabra para referirse a él.
  
 
La vida cotidiana y su cultura
 
La vida cotidiana de los masai se desarrolla en el poblado, protegido por un fuerte y espinoso vallado. Las viviendas son fabricadas con estiércol de vaca seco. 
Los masáis viven en asentamientos llamados manyattas, círculos de chozas hechas de ramitas y rodeadas por empalizadas ("bomas") para encerrar el ganado. Las chozas se construyen con unos ladrillos preparados a base de excrementos de animales, paja y barro a fin de impermeabilizarlos y endurecerlos. Las paredes interiores son alisadas y posteriormente ahumadas. Suelen contar con diminutos tragaluces, pero no ventanas.
Su vida cultural está llena de celebraciones. La versión masái de los grupos de edad consta de infancia, guerrero menor (moran), guerrero mayor, adulto menor y adulto mayor. Tras la circuncisión, los chicos se convierten en guerreros menores.
 
 
Tanto los hombres como las mujeres lucen vistosas dilataciones en las orejas de hasta un palmo de longitud en la parte inferior del pabellón auricular, y del diámetro de una moneda pequeña en la parte superior, que acostumbran a adornar con maderas y cuentas de colores. La artesanía masái es muy destacable, principalmente en textiles, tallas de madera, abalorios y adornos de hematita.
Acostumbran a vestir una tela anudada sobre los hombros de vivos colores, generalmente rojas y con diseños geométricos, sobre otras piezas de ropa. Coleccionan un gran número de danzas rituales y cánticos, que efectúan frente a los turistas a cambio de dinero y otros beneficios económicos. Por lo general, no se dejan fotografiar salvo que se les otorgue un pequeño pago como compensación. Es característico ver que los  masái suelen adoptar en la llanura una posición similar a la de las cigüeñas, de pie con una pierna encogida detrás de la otra.
 
El sistema político masái está descentralizado; realizan reuniones de ancianos y discusiones públicas para decidir sobre los asuntos más generales. Lo que impera es la importancia del ganado. Algunos de sus representantes han sido vistos en reuniones democráticas en la capital, Nairobi, vistiendo traje, y algunos de los jóvenes acostumbran a jugar al billar y ver la televisión en aldeas cercanas donde no siempre son bien recibidos debido a las diferencias culturales.
Las vacas son sagradas y, por tanto, lo son su tierra y todos los otros elementos concernientes a su ganado. El ganado provee de todas las necesidades a los masáis: leche, sangre y carne para su dieta (producen una especie de yogur fermentando la leche con sangre de animal), cuero y pieles para su ropa. Su imagen se manifiesta en todos los ámbitos cotidianos, por ejemplo, en el  "enkeshui", juego parecido a las damas pero más complicado, en el que cada guijarro simboliza una vaca.
La leche es el único alimento acompañado a veces de mantequilla. A los moran, sin embargo, se les permite comer carne, pero nunca junto con leche. Cuando un masái cae enfermo, ha sufrido la circuncisión o está agotado se le da a beber sangre de buey.
Para obtenerla agarran al animal y le atan una correa de cuero alrededor del cuello; luego retuercen la correa de modo que la vena yugular se abulte. Entonces clavan en la vena una flecha que lleva en la punta un pequeño trozo de madera para evitar que penetre demasiado, y recogen la sangre en una calabaza. Una vez extraído un litro, ponen un poco de estiércol en la herida para hacer que la sangre se coagule y sueltan al animal.
La hierba es sagrada y en la circuncisión de las mujeres se esparce hierba sobre su cabeza. Un niño a punto de ser golpeado por un adulto enfadado puede librarse de la paliza si consigue arrancar un puñado de hierba. Generalmente  la labor de los niños es la de vigilar el ganado, 
Los masái cazan por diversión o para proteger sus ganados, pero nunca para comer., de hecho, los moran o guerreros cazan para exhibir su valor y tal vez con la esperanza de lograr un magnífico tocado de crin de león.
 
Las mujeres masái
 
 
Las mujeres masái son poseedoras de una gran belleza que, generalmente  ocultan rapándose el cabello, ellas son las encargadas de ordeñar a los animales. También se dedican a barrer y limpiar las chozas y cuando el sol agrieta el estiércol del techo, le dan un revestimiento nuevo. El resto del tiempo lo emplean confeccionando collares y cintas con abalorios. 
 
Cuando una muchacha alcanza la pubertad, es circuncidada; sin embargo, el matrimonio suele tener lugar después de haber tenido un hijo.
El número de esposas de un hombre depende de su riqueza en rebaños. El precio de una esposa es generalmente unas tres vacas, dos ovejas y un buey. Un hombre muy rico puede poseer hasta 20 mujeres, pero son pocos los que tienen más de cinco. Los masái deben casarse fuera del clan al que pertenecen, evitando así los problemas de consanguinidad.
Cuando una mujer masái queda embarazada, las relaciones sexuales quedan prohibidas hasta que el niño pueda andar. Da a luz en su propia cabaña, a la que el marido no podrá entrar hasta transcurridos 10 días después del parto. Tampoco le está permitido comer en casa hasta que su hijo haya dado los primeros pasos. Si comparece un anciano bendecirá al niño escupiendo en su cabeza o pecho. 
 
 Los Moran (guerreros masái)
 
Los moran viven como una comunidad propia, compartiéndolo todo y dedicados exclusivamente al pillaje y a la guerra. Sus madres van a hacerles compañía y a cocinarles la comida, siendo sustituidas por las noches por las amantes de los jóvenes guerreros. Sólo tras 14 ó 20 años de llevar esta vida, les está permitido casarse, a no ser que los ancianos del poblado concedan una dispensa especial a algún famoso guerrero como premio a su valor.
 
Los jóvenes moran son iniciados es dos grupos, conocidos como "grupos de la circuncisión derecha e izquierda". El candidato va con la cabeza afeitada y bien lavado, y el rito incluye el sacrificio de un buey. Al día siguiente, el joven corta un árbol que luego las muchachas plantan al lado de su casa. Al tercer día, se levanta temprano y es circuncidado al amanecer. Tras unos días de convalecencia en su cabaña, sale fuera llevando un delantal y pendientes de mujer, y se divierte lanzando flechas sin punta en las nalgas de las muchachas y cazando pájaros para ponérselos en la cabeza, mientras le va creciendo nuevamente el pelo. Los iniciados se reúnen para constituir la "manyatta" y los nuevos guerreros parten a combatir y robar ganado a las tribus vecinas.
 
Las danzas son muy frecuentes. Dos o tres hombres entran en el círculo y saltan siguiendo el ritmo, los cuerpos rígidamente rectos, las manos pegadas a los costados, las rodillas juntas, y un puñado de hierba fresca apretada bajo los sobacos. Los cuellos de las mujeres oscilan hacia atrás y hacia adelante siguiendo el ritmo del tambor; algunas llevan hasta docenas de collares.
 
  
 
 
La Masái blanca
  

Conocida es la historia real de una joven empresaria suiza de éxito que viajó con su novio a Kenia y lo dejó todo por un masái, aceptando convertirse en una de las esposas del nómada, hecho que inspiró la creación de un libro y su posterior filme.
 
Corinne Hofmann se hizo mundialmente famosa por su libro superventas “Die weisse Masái” (La Masái Blanca). Nacida en Biel el 4 de junio de 1960, de padre alemán y madre francesa, Corinne, rubia de ojos azules, estudió en el Cantón suizo de Glarus y muy tempranamente decidió dedicarse al comercio al por menor. A la edad de 21 años abrió su propia tienda de ropa.
 En 1986, Hofmann y su novio Marco hicieron un viaje a Kenia. Allí, ella conoció un guerrero samburu, primos hermanos de los Masái llamado Lketinga a cual lo encontró irresistible y se enamoró. Ella dejó a su pareja, volvió a Suiza para vender sus posesiones y regresó a Kenia, dispuesta a encontrar a Lketinga, lo que consiguió. Se convirtieron en pareja y más tarde tuvieron una hija mestiza.
 
 Mientras, en Kenia, Hofmann sufrió severas dificultades, incluyendo enfermedades (malaria, hepatitis y anemia) y problemas maritales (ella al hablar con los hombres de la tribu los miraba a los ojos, eso no se acepta de la mujer en la cultura Massai, pero si la mujer debe compartir su esposo con otras mujeres). Progresivamente aumentaban los paranoicos celos de su marido, muy probablemente debidos a su adicción a la miraa (Catha edulis), una especie de droga keniana. Con su relación severamente dañada, ella decidió volver a Suiza por su propio bien llevándose con ella a su hija Napirai de 3 años. Más tarde, ella decidió escribir un libro sobre sus experiencias vividas en Kenia. El libro, titulado Die weisse Massai llegó a ser todo un fenómeno y ha sido traducido a infinidad de idiomas, y en el año 2005 fue llevado a la gran pantalla protagonizado por la actriz Alemana Nina Hoss y Jacky Ido.
 

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