Pasión Fugaz
Cultura, el 01/11/2010 por El Triangular Magazine
Estaba emocionado, se me cumplía el sueño de viajar al viejo continente, y nada menos que a Italia, que hermoso, por fin Roma, el Coliseo, el Panteón, y mucho más.
Debía hacer una pequeña escala en Buenos Aires y, de ahí dar el gran salto, atravesar el océano, lo que me causaba cierto escalofrío, pero me lo aguantaba.
Recién me había subido al avión, cuando ya estaba aterrizando en Buenos Aires. Más me había demorado en las despedidas en Santiago, con toda la parentela en el aeropuerto, deseándome feliz viaje.

El viaje a Europa fue fabuloso, y habrá tiempo para contarlo, pero no puedo dejar de recordar, aún cuando ha pasado mucho tiempo;….pienso en ella, y la siento presente, parece que el aroma de su perfume penetra a raudales por mi nariz. Se me pone la piel de gallina con sólo pensarlo.
Caminaba en forma distraída por una calle turística del sector, cuando veo una mujer sola, moviéndose rítmicamente, me acerco curioso, no pude despegar los ojos de la bella mujer. Quedo hechizado, con la mandíbula desencajada, colgando con una cara de bobo - que ya imaginan. La morena del baile sensual, arrabalero, con su coquetería y sus guiños traviesos, me hicieron perder la compostura cuando me sacó a bailar.

Me ruboricé, le dije que de tango no sabía nada. Calmáte, expresó quedamente, con un suspiro entre los marcados labios rojos, rodeando una cadena de dientes albos. Mientras sus ojos entrecerrados, soñolientos, terminaron por rendirme.
Me olvidé que estábamos en plena calle; sí, ahí en el barrio de la boca, cerca de la Bombonera, donde alguna vez Maradona hizo maravillas con el balón.
Su cuerpo se apretó al mío. Tembló como una corriente, o era yo?. Con su mano, tomó la mía y rodeó su cintura, me acarició la cabeza enredando sus dedos en mi pelo. Su cara blanca y tersa rozó mi mejilla, que cada vez cambiaba más de color, quedando casi tan pálida como el de ella.
No me había dado cuenta que el bandoneón desparramaba su música, con ritmo acompasado; lo sentía a lo lejos. Parecía que estaba pisando sobre nubes, embelesado en movimientos sensuales, llevándome de allá para acá, cual muñeco de trapo.
Repentinamente, de reojo, le vi alzar una pierna, larga, tan larga que parecían infinitas, envueltas en hermosas medias negras caladas, que cubrían un minúsculo pie, enfundado en zapato de tacón carmesí, que hacía juego con sus labios. Me incitó a tomar su muslo, no sé como me atreví, pero pronto mi mano volaba bajo la diminuta falda negra, justo en el corte lateral.

Me saltaba el corazón, parecía que iba a estallar. Nuestros cuerpos eran uno solo. No sé como lo hice, sólo sé que tomé valor y le robé un beso, me respondió apasionada. Me susurra al oído, suavemente, chileno, te espero.
Qué más da, ya estoy perdido, apoyo mi cabeza en sus hermosos pechos, sugerentes, que afirman la blusa en la punta de sus diminutos pezones. Oh!, ese perfume, se impregna en mi ropa, en mi cuerpo,….. en mi alma.
Realiza un paso extraño, de tal manera que siento todo el peso de su cuerpo en mis piernas. Instantes que me parecieron eternos. Repentinamente, se separa de mí, unos pasos atrás y hace una elegante reverencia.
La gente, que se había agrupado en esa esquina bonaerense, aplaudió con gran entusiasmo el desarrollo de la escena. Volví a la realidad rápidamente, el sueño terminó, y mi pequeña personalidad retornó, lleno de vergüenza arranqué entre la gente, y aún a lo lejos se escuchaban sus gritos de alegría.
Probablemente la muchacha había encontrado otro bailarín de turno.
Qué más da, ya estoy perdido, apoyo mi cabeza en sus hermosos pechos, sugerentes, que afirman la blusa en la punta de sus diminutos pezones. Oh!, ese perfume, se impregna en mi ropa, en mi cuerpo,….. en mi alma.
Realiza un paso extraño, de tal manera que siento todo el peso de su cuerpo en mis piernas. Instantes que me parecieron eternos. Repentinamente, se separa de mí, unos pasos atrás y hace una elegante reverencia.
La gente, que se había agrupado en esa esquina bonaerense, aplaudió con gran entusiasmo el desarrollo de la escena. Volví a la realidad rápidamente, el sueño terminó, y mi pequeña personalidad retornó, lleno de vergüenza arranqué entre la gente, y aún a lo lejos se escuchaban sus gritos de alegría.
Probablemente la muchacha había encontrado otro bailarín de turno.
Por única vez me sentí querido, y amado, con pasión.
Algún día volveré a la misma esquina, de ese hermoso barrio, que dejó ese sentimiento clavado en mi corazón, para siempre, y que explota como un fuego ante la mirada profunda de unos ojos tiernos.
Parodiando, “Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero”
FIN
Parodiando, “Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero”
FIN
© 2009 - 2011, El Triangular Magazine — Informacion, Arte y Cultura, www.eltriangular.info todos derechos reservados.