Cultura de masas y Medios de Comunicacion: el nuevo opio del pueblo

Editorial, el 23 de septiembre 2010 por El Triangular Magazine
Hasta tiempos recientes, en Francia, la calidad de los medios de comunicación o de información, privados o públicos, todos mezclados: televisión, radio, prensa, edición, cinema, publicidad e internet, todos reunidos bajo un solo concepto globalizador: "Medias" (en donde además se incluye comercialización de productos alimenticios, y en ciertos extremos fabricación de productos bélicos) no era un tema que interesara mucho o que llamase la atención, salvo uno que otro intelectual etiquetado por lo general de alarmista.

La presencia del actual presidente de la República Nicolas Sarkozy, ha producido un cataclismo que todo el mundo intuía, pero que nadie se atrevía a comentar: la calidad del producto.
Súbitamente, como por arte de magia, responsables políticos e intelectuales de izquierda o progresistas descubren con estupor que los medios en general están controlados por grupos económicos próximos al entorno del Presidente y que la televisión -en particular- es de pésima calidad, exigiendo entonces una reivindicación de la Cultura.
Entiéndase por Grupo Económico: concentración capitalista reuniendo empresas con actividades diversas que van de la industria tradicional al sector terciario pasando por la industria del armamento, presentando personerías jurídicas distintas y que entretienen lazos directos o indirectos entre ellos, principalmente financieros, de participación o de control y sobretodo estructurales: dirigentes, estratégicos... económicos: plataforma común de recursos o comerciales: compra y venta de bienes y servicios. La existencia de personerías jurídicas distintas permite caracterizar la noción de "grupo" estableciendo una diferencia orgánica, por ejemplo en la relación que existe al interior de una empresa y de sus sucursales.
Esperando que ésta advenga a los grupos televisuales del estado quienes, por ejemplo, producen programas “populares” o de “divertimento” que no tienen nada que envidiar a un film pornográfico. Entretanto los verdaderos programas o emisiones certeramente de calidad y/o de orientación cultural desaparecen o son programadas en horas de baja audiencia.
A pesar de todo -y no despojados de un cierto cinismo o apatía intelectual- cubiertos por una u otra creación o programa de carácter cultural, los grandes defensores del servicio público, tanto de derecha como de izquierda, continuaban encontrándolos buenos; análisis bastante simplista, pues al igual que una vulgar televisión privada comercial, todos viven o vivían con el ojo pegado al Audimat (instrumento de medida de la audiencia televisiva, una contracción de Audiencia) como si la demagogia fuera menos importante en el sector público que en otros sectores.
Los Medios de comunicación han sabido ofrecer dimensiones monstruosas al universal deseo de estupidez que duerme en el fondo de cada intelectual, hasta el más elitista. Este fenómeno, lentamente, ha sido capaz de destruir una sociedad, de hacer vano e irrisorio todo esfuerzo político, mismo el mas vigoroso y progresista.

Sin hacer extrapolaciones exageradas podemos hacernos la legítima pregunta: ¿para qué entonces romperse el cerebro para reformar la Educación, las Universidades o la Escuela? si el trabajo educativo es corroído constantemente desde adentro por la estupidez mediática, la bufonería hereje como medio de expresión, el peso de valores inherentes al dinero, de la apariencia y del individualismo, vehiculados por la publicidad, la última razón de ser de los grandes grupos mediáticos. ¡Todo intelectual responsable, es de inmediato enviado al olvido de la historia o de vivir ausente de las necesidades urgentes!
Cuando atacamos los grandes mercaderes de la estupidez y de la vulgaridad sobre la ineptitud de sus programas, estos replican en general dos cosas: primero, se le ofrece al público lo que éste desea y pide a gritos; segundo: aquellos que lo critican son intelectuales incapaces de comprender la necesidad de la Masa a divertirse acusándonos de "elitistas".
Como respuesta a estos argumentos tan básicos, puedo señalar que no es necesario esta última característica para pedir un poco menos de ineptitud, hay por ejemplo, verdaderos espectáculos populares de calidad; el público -la masa- pide aquello a lo cual le han condicionado a recibir, nada más. Todos han olvidado -producto de la masificación de la cultura- y abandonado, la idea de un acceso progresivo a la cultura por intermedio del espectáculo popular. Víctor Hugo, Charles Chaplin y tantos otros fueron grandes artistas y eran populares. Lograban, en sus tiempos respectivos, hacer reflexionar y divertir al mismo tiempo; pero la industria mediática no se fatiga mucho, ella va mas bajo aún de aquello que suele criticar como "popular".
Cada cual tiene derecho de relajarse ante un espectáculo fácil, pero al punto donde han llegado las emisiones dichas de “divertimento”, no se trata de una simple distracción. Las imágenes, las palabras en su orientación pliegan el espíritu a ciertas formas de representación, lo legitimizan, acostumbrándolo a creer que es normal de hablar, de pensar, de actuar de esta manera y no de otra. Fealdad, agresividad, narcisismo, voyerismo, vulgaridad, in-cultura y estupidez invitan el espectador o el lector a complacerse en una imagen infantilizada y degradada de sí mismo, sin ninguna ambición de salir de sí, de su persona, de su medio social, de su grupo, de su tribu, de su preferencia selectiva.

Los productores de “Tele-realidad”, los dirigentes privados no son como se podría pensarse -tan necios como lo parecen- son mas bien unos malhechores, unos forajidos. Y así como está admitido que un alimento o el aire contaminado es nefasto para el cuerpo, pienso también que existen ciertas representaciones que son nefastas para el espíritu.
Si los órganos de comunicación e información de los países totalitarios envían -en una cierta medida- a encadenar y oprimir el pensamiento sin jamás haber logrado vencerlo, las estructuras del capitalismo triunfante, irónicamente por intermedio de la Cultura de Masas, las han sobrepasado y vencido sobre todos los ámbitos. Todo esto bien entendido en el nombre de la Libertad, pues ¿quién se atrevería a atacar un concepto tan universal ?... Nadie.
Según algunos grandes dirigentes de la televisión privada, el mundo mediático se dedica a “ofrecer cerebros humanos a coca-cola”* que se habría conquistado la libertad de expresión y que la izquierda durante los años 80 con la llegada de Francois Mitterrand donde liberó el apetito del capital privado hacia los medios de comunicación.
Patrick Le Lay, ex Presidente Director General de Tf1, cadena de TV privada, perteneciente al Grupo económico Bouygues especialista en la construcción, con actividades anexas como redes telefónicas, internet, radio, ediciones, etc, declaró hace un par de años atrás que el objeto de un emisión sea esta de cultura o de divertimiento es de "ofrecer una parte de cerebro humano a coca-cola" lo que causó a la época una reacción fulgurante de parte de los intelectuales.
Nosotros, que nos creemos tan inteligentes, fruto de milenios de progreso, juzgamos la plebe romana bastante bárbara de haberse complacido en los juegos del circo, sin embargo, el contenido de nuestras distracciones televisuales serán sin duda un objeto de asco, de repugnancia y de locura para las generaciones futuras.
¿Podemos aún elegir? Muy poco. ¿Por cuánto tiempo? Nadie lo sabe.
Una cosa es cierta: la televisión, la radio, las redes telefónicas y la venta de armas están bajo las manos de "grupos económicos"* que controlan las sociedades de producción de programas, los polos de creatividad, los centros de información que la política de cultura de masas ofrece.

¿Cuál libertad? La insanidad mediática se universaliza, el espíritu tabloide contamina hasta los periódicos más serios, los medios públicos corren detrás de la demagogia del sector privado. El vacío de las informaciones completa la estupidez del divertimiento. Pues parece que al mismo tiempo que nos divertimos estamos siendo informados. ¿Informados de qué? ¿Quién sabe cómo se vive en Etiopía? ¿Bajo qué régimen? ¿Donde pasaron los resistentes de Chiapas? ¿Cuáles son los problemas mayores de un agricultor en América latina, de un minero, de una dueña de casa? ¿Quién nos informa y quién controla esta información?... A nadie le importa un rabo, por cierto, estamos informados de lo que hubo ayer en la TV e internet, y radio, y revistas, etc, sobre los amores de tal actor de cinema, de los accidentes y abusos de droga de una estrella de la canción: Madonna, Britney Spears, Paris Hilton etc., etc. La mayor parte de nuestros conciudadanos no conocen ni la ley, ni el funcionamiento de la justicia, de las instituciones, de las universidades, ni la Constitución de su propio país, ni la geografía del mundo que los rodea, ni el pasado de su país fuera de algunas imágenes consensúales: el 14 de julio, el 8 de mayo, el 11 de noviembre.
Un director de orquesta que dirige la obra de un gran maestro será interrogado sobre sus gustos culinarios o de qué color es su paraguas en caso de lluvia; un futbolista sobre sus gustos vestimentarios o sobre sus faraónicos salarios. Se le pregunta a un responsable político, en una emisión política, si será candidato a la presidencia en 5, 10 o 20 años. Se entrevistan los ciudadanos perdidos en la jungla de las autopistas para saber si encuentran el transcurso largo y/o aburridor; durante las canículas en los periodos estivales se les pregunta si hace verdaderamente calor!!... Eso es información. El día antes de los exámenes universitarios, los jóvenes se van corriendo a preguntar a un farmacéutico perdido en el urbanismo de la capital o de un pueblecillo retirado del país acerca de qué fármaco se ha vendido más para calmar los nervios de los estudiantes. Periodistas del servicio público pasan una hora preguntándole a un “blogger” cuáles son sus preocupaciones, sus preferencias en materia de chateo. Esto es información.

Cuando suceden manifestaciones sociales reales con problemas de fondo, preocupaciones legítimas o huelgas; manifestaciones sindicales se trata de una cólera pasajera, de un descontento social, de una simple roña, no de una manifestación de contenido social, no de un problema de fondo, el costo de la vida aumenta de día en día, no hay problemas, es la culpa de la crisis, de los cesantes, de la inmigración clandestina, de los toxicómanos, etc. Se cuestiona al primer llegado, ignorante entre los ignorantes, sobre cualquier sujeto y su respuesta es considerada como del más alto interés. Y para finiquitar todo, después se hace una encuesta donde se le pregunta a otro ciudadano tan condicionado e ignorante como el primero lo que piensa de ello, y se establecen estadísticas que van a orientar nuestra manera de pensar! De esta manera los periodistas terminan convenciéndose que están rodeados de seres pueriles, sin mayor interés y terminan por hacerlo modus vivendi, razón de ser, credo, y ven en ello, que es justamente lo que el público pide!
Esto representa 95% de la información en general, mismo en las cadenas públicas. El 5% restante permite a la industria de comunicación-información y a los grandes grupos mediáticos que venden automóviles y teléfonos, de pensar que aún ejercen una profesión de periodistas. Este matracaje permanente invade los servicios de internet, periódicos, objetos de consumo cotidiano, indumentaria, todo aquello que nos rodea. El cinema se ha transformado en un anexo de la publicidad y el mercadeo y la literatura resulta de la misma manera. El fenómeno, por ejemplo, de la “auto ficción” no es mas que un fenómeno auxiliario de la “farándula" generalizada, es decir, la destrucción de la reflexión crítica por el absolutismo del “soy yo, es mi preferencia” entonces es interesante, es respetado. Esto es Opinión pública y Cultura
La insensatez mediática generada por esa Cultura de masas tan deseada en los años 80-90 no es un epifenómeno. Ella conduce a una guerra interna pérfida de destrucción contra la cultura misma, es por ello que pienso que hay muchos combates que levantar y organizar, pues si la industria mediática gana su guerra contra el pensamiento libre, todos nuestros esfuerzos serán en vano y la Cultura de Masas no será más que un objeto cualquiera de consumo donde el individuo no tendrá nada que decir y absolutamente nada que esperar. Será el fin de tantos años de combate, de pensamiento, de creación.
Cultura de masas y Medios de Comunicacion: el nuevo opio del pueblo
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