LA CASCARA Y LA ALMENDRA?
Editorial, el 10/02/2012 por Emmanuel Milla-Gatica
Cuando el rey Salomón penetró en las profundidades del jardín de los nogales, así como está señalado en las escrituras bíblicas: "yo bajé en un vergel de nueces" (El Cantar de los Cantares VI, 11) recogió del suelo una cáscara de nuez, y, examinándola atentamente, notó una analogía entre las diferentes capas de la nuez y los espíritus que suscitan los deseos sensuales de los hombres, tal como estaba escrito : "Y los disfrutes o placeres de los hijos de los hombres provienen de los demonios machos y hembras" (Eclesiastés II, 8).

Pero el Maestro o Rey santo se dio cuenta que era necesario poner todas esas cosas en el mundo a fin de asegurar su perennidad y su permanencia; de tener, por decirlo de otra manera, un cerebro envuelto de numerosas cáscaras o capas.
El mundo entero, aquel que se encuentra arriba como aquel que se encuentra abajo, están formados según este principio, desde el misterioso Centro Original hasta las capas más lejanas de la Creación. Ellas no son mas que vestimenta, abrigos, la una para la otra, cerebro en el cerebro, corazón en el corazón, espíritu en el espíritu, cáscara en la cáscara.
El Centro original es la Luz, la más secreta, y poseedora de una diafanidad, de una delicadeza, de una pureza más allá de toda comprehensión. Sin embargo, ese punto tan íntimo se transforma en un "Palacio" en un "Templo Sagrado" (el Templo Sagrado de Salomón) que es como la envoltura del centro, también traslúcido y brillante mas allá de toda posibilidad de conocimiento.

El "Palacio o Templo", vestido, abrigo del punto interior incognoscible y que es en él mismo un resplandor incognoscible, es sin embargo de una sutileza y de una diafanidad menor que el Centro original. El "palacio" se extiende o se esparce en la medida que este es su vestido, su cáscara, la Luz Original o primordial. Desde ahí, capa sobre capa, cada una formando el vestido de la precedente, como las membranas del cerebro o del corazón. Y cada membrana se vuelve como el cerebro o el corazón para la capa consiguiente.
De igual manera es nuestro andar, nuestro encaminamiento aquí abajo; siguiendo el mismo modelo, el ser humano en este mundo asocia cerebro y membrana, corazón y sangre, espíritu y cuerpo para un mejor orden en el mundo, cada uno envuelto en sus propias capas y vestiduras.

Cuando la Luna formaba un Uno con el Padre Sol, ella brillaba igual que el astro diurno; pero, cuando ella se separó del sol y recibió el imperio de sus propias legiones, su rango fue disminuido y también su Luz, y se formaron mundo sobre mundo, peladura sobre peladura para abrigar su corazón, pero todo fue para su bien y el bien de todos los Hombres, sin distinción de rango, de color de piel, de cultura o de creencia religiosa.
Todos somos únicos en el Reino de la Creación y todos formamos parte de ese gran conjunto que llamamos humanidad.
Que así sea, hoy y siempre.
Emmanuel
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