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Safo de Lesbos: La décima Musa

Historia, el 30/04/2011 por El Triangular Magazine

 
 

 


Aunque la poesía griega tiene unos orígenes oscuros y difíciles de precisar,  se destaca entre la neblina la presencia inquietante y luminosa  de una mujer que no era solamente bella, sino que políticamente comprometida, inteligente y refinada que representó una verdadera revolución social. Un personaje de gran influencia no sólo en su época, ya que nos dejó un legado que ha trascendido el tiempo y el espacio. 

Resulta irónico que Safo  haya adquirido tanta fuerza, donde las fuentes de información son  realmente escasas  y muy indirectas sobre la vida de la poetisa, y eso hace que su historia esté atiborrada de infinitos rumores y leyendas respecto a su sensibilidad, a sus reacciones desmedidas al amor, y esa  pasión ardiente que desplegaba en sus poemas.

Pero una cosa es cierta, Safo fue adorada, perseguida, desterrada y censurada, en definitiva, su vida y obra no dejó ni deja indiferente a la humanidad. Se acuñaron monedas con su rostro, se le ha dedicado estatuas, se toma como origen y justificativo de la homosexualidad e incluso su nombre sirve de título de seminarios de investigaciones feministas para las universidades públicas.  Por esas razones, cuando se habla de cultura clásica, sería un crimen no considerar a la décima musa: Safo de Lesbos.

 ORIGENES

De Safo se cree que nació en Mitilene, Lesbos,  isla griega cercana a la costa de Asia Menor, donde pasó toda su vida, con la excepción de un corto exilio en Siracusa (actual Sicilia) en el año 593 a. C, motivada por las luchas aristocráticas en las que probablemente se encontraba comprometida su familia perteneciente a la oligarquía local.

 

Vivió en el siglo VI a.C. aunque las fechas no son precisas, y parece ser que murió no demasiado mayor. Culta, inteligente, rebelde y de gran belleza despertó pasiones y envidias entre sus coetáneos. De ella ensalzaría el poeta Alceo sus trenzas negras y su dulce sonrisa.

Pertenecía a una familia noble de la más rancia aristocracia eolia, su padre se llamaba Escamandrónimo y su madre, como ella antes de cambiarse el nombre a Cleis.

Tenía dos hermanos varones y una hija., respecto a si se casó las fuentes son confusas, posiblemente enviudó de un rico comerciante y al quedar libre fue cuando fundó una academia femenina.

  Amores de Safo

De corazón ardiente se enamoró en infinitas ocasiones, unas embriagada por el gozo y otras tantas de manera desgarradora y dolorosa llegando al despecho, su sensibilidad extrema se potencia constantemente en su obra.

 

 

Cuenta la leyenda surgida a partir de algún fragmento de la propia poeta en el que hace mención de Faón, un hombre bello del que se enamoró la propia diosa Afrodita según el mito, que se suicidó desde la roca de Léucade lanzándose al mar cuando su amor por Faón no se vio correspondido. Esta roca de la isla de Léucade era, al parecer, desde donde se lanzaban con frecuencia los enamorados para suicidarse.

Otra versión afirma que Safo lo escribió como metáfora de una decepción amorosa que tuvo con una de sus amadas, ya que en uno de sus fragmentos se describe como alguien que ya ha llegado a la vejez "incapaz de amar". El tema fue retomado por el poeta latino Ovidio, que lo popularizó. En efecto, el poeta latino convirtió a Safo en una de sus Heroínas, como autora de una carta de amor dirigida a Faón. De todas las heroínas de Ovidio, Safo es la única mujer real, es el único caso en el que una mujer se convierte en personaje de ficción. Esta imagen de Safo atormentada por un amor no correspondido fue muy querida y representada por los grandes pintores europeos del s. XIX, que reflejan una visión romántica de Safo con el pelo largo, apoyada en la roca.


 

De su relación con las alumnas nace la leyenda no confirmada sobre su sexualidad, divulgada en Alejandría y Roma en épocas muy posteriores y que incluso llega a nuestros días convirtiéndose su nombre y lugar de nacimiento en el apelativo de la homosexualidad femenina (safismo, lesbiana, lésbico…). De hecho, a partir de sus poemas se suele deducir que Safo se enamoraba de sus discípulas y mantenía relaciones con muchas de ellas. Todo esto la ha convertido en un símbolo del amor entre mujeres.

 

EL LEGADO DE SAFO

Fundó en su isla natal una academia para mujeres jóvenes consagrada a la Diosa Afrodita, a quien dedicó emotivos poemas pues  era la Diosa de la belleza, del amor y de la vida universal. Al principio, Safo hizo creer a sus contemporáneos que  esta academia era para orientar a las mujeres en los “asuntos del hogar”, pero en realidad Safo la había creado para despertar y difundir la música, lírica, poesía, etc, toda un amalgama cultural en beneficio de las mujeres que estaban imbuidas en un mundo bastante sexista. Por tanto, Safo fue  la primera mujer fundadora de una academia de filosofía.

Hay que mencionar que Safo perteneció a una sociedad llamada Thiasos en donde se preparaba a las jóvenes para el matrimonio, pero ella revoluciona las costumbres al formar la llamada "Casa de las servidoras de las Musas". Allí sus discípulas aprendían a recitar poesía, a cantarla, a confeccionar coronas y colgantes de flores, etc.

Además de la labor pedagógica se dedicó a una extensa actividad poética de la que nos queda por referencias pocos versos que los compiladores alejandrinos recogieron de los que se conservan fragmentos distribuidos en papiros de diferente origen.

Interpretaba sus creaciones tañendo su bárbito, un instrumento musical algo más grande que la lira. En la cultura helénica la música y la literatura estaban estrechamente identificadas. La lírica le debe a Safo, “la décima musa”, sus características principales: la influencia de la música oriental, el individualismo y la pasión.

Despertó verdaderas sensibilidades entre los máximos representantes de las letras, la política y las élites de Grecia. Platón la adoraba por su sensibilidad y maestría técnica y a pesar de lo que ella escribiera: “irremediablemente, como la noche estrellada sigue al rosado ocaso, la muerte sigue a todo ser viviente”, su espíritu permanece inmortal.

Su estilo influyó en muchos poetas de su época y en posteriores, algunos de los cuales la imitaron con descaro. La honda huella que dejó entre otros en Teócrito, Catulo, Horacio y Ovidio, se puede observar en sus temas y sus recursos métricos.

Utilizó el dístico, las estrofas de tres o cuatro versos, y combinó diferentes metros, uno de los cuales lleva su nombre. Gran parte de su obra se perdió poco después de su muerte, rescatándose algunos versos que nos llegan tras censuras y traducciones del dialecto eolio original. Hacia los siglos III a I a. C., se rescató parte de su poesía, que se recogió en diez volúmenes: nueve de verso lírico y uno de verso elegíaco. Se conservaron copias de ellos hasta la Edad Media, en cuya oscuridad acabarían desapareciendo. Durante el siglo XI, sólo encontraremos fragmentos de la obra de Safo en las citas de algunos escritores.

Safo supo dar un cambio radical en la poesía de la época, pues en vez de escribir acerca de héroes, dioses y diosas mitológicas, batallas y cuanto sucedía a su alrededor, como hacían los poetas entonces, ella decidió expresar lo que ocurría en su interior, desnudar su alma para convertirla en poesía lírica. 

El mundo sáfico es un mundo totalmente femenino, la rudeza y fuerza son descartadas totalmente de sus poemas aunque en algunos de éstos la figura masculina está presente, pero quizá solamente como un complemento de la femenina que es la realmente enaltecida en la poesía sáfica.

De los 650 versos que nos restan tras la oscuridad medieval, la versión castellana nos llegó de los hermanos Canga-Argüelles y de José Antonio Conde.

La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción, odas de calidad sublime y de incomparablemente sincera expresión. Su principal fuente de inspiración fueron los motivos locales y personales, predominaban en ella los epitalamios o cantos de himeneo y las canciones de tema religioso o pasional. Ha sido probablemente la poeta más traducida y más imitada de la antigüedad clásica.

Safo y su compatriota Alceo son considerados los poetas más sobresalientes de la poesía lírica griega arcaica, de la que Terpandro y Arión son precedentes. Son, además, los únicos representantes de una producción literaria lesbia. De su obra, que al parecer constaba de nueve libros de extensión variada, se han conservado también ejemplos de lírica popular en algunos epitalamios, cantos nupciales -adaptaciones de canciones populares propias de los amigos del novio y de la novia que se improvisaban en las bodas. Estas canciones se diferenciaban del resto de sus poemas, más intimistas y cultos, para los cuales creó un ritmo propio y un metro nuevo, que pasó a denominarse la estrofa sáfica.

El trabajo de la décima musa es el producto de la derivación de la lírica tradicional, popular o pre literaria griega de los siglos VII y VI a. C. que se convertiría en la lírica literaria. Esta distinción se debe a las diferencias del carácter oral y tradicional de la primera y el carácter escrito de la segunda que surgió, a propósito, a la par con la difusión de la escritura en el siglo VII a. C. Por otra parte, las características y temas a tratar que adopta la lírica literaria de la tradicional son esencialmente las mismas solo que esta vez se hallan mas concentradas en los motivos de un yo individual. El éxito, en gran parte, de la poesía de Safo radica en la adopción del amor como tema personal. Por lo tanto, las situaciones creadas serían temporalmente cercanas a sí y a la audiencia. De ahí que fue necesario crear una forma de expresión adecuada para expresar sus sentimientos más íntimos, de manera que sus composiciones podían distinguirse por una fuerte presencia del yo que canta y ese yo autorreferencial que está frecuentemente situado en el tiempo y en el espacio.

 

Sus poemas más conocidos son casi todos los que nos han llegado lamentablemente de forma fragmentaria por vía indirecta, es decir, gracias al testimonio de otros autores que lo mencionan. Uno de entre ellos es aquel en el que describe lo que podrían considerarse "síntomas de la enfermedad del enamoramiento", aplicable a todo enamorado del que contamos con una maravillosa versión del poeta latino Catulo, y el fragmento en el que dice que no hay en el mundo nada más maravilloso que el ser a quien uno ama.

Safo ha adquirido el nombre de la décima musa por su resonancia e importancia dentro del mundo de la poesía. De su producción literaria son pocos los fragmentos que se han podido rescatar, entre ellos, el Himno en honor a Afrodita. Su obra es brillante, fresca y explícita. La obra de una mujer sin igual, la obra de Safo de Lesbos.

 

Fragmento de Safo (tomado de Theodore Reinach y Aimé Puech, Alceé, Sapho. Paris : Les Belles Lettres, 1966).

  

1

 

 

Me parece que es igual a los dioses

el hombre que frente a ti se sienta,

y a tu lado absorto escucha mientras

dulcemente hablas

y encantadora sonríes. Lo que a mí

el corazón en el pecho me arrebata;

apenas te miro y entonces no puedo

decir ya palabra.

Al punto se me espesa la lengua

y de pronto un sutil fuego me corre

bajo la piel, por mis ojos nada veo,

los oídos me zumban,

me invade un frío sudor y toda entera

me estremezco; más que la hierba pálida

estoy y apenas distante de la muerte

me siento, infeliz.

  

2

Aquí ven, a este templo sacrosanto de Creta,

donde hay un gracioso bosquecillo sagrado

de manzanos, y en él altares perfumados

con olor de incienso.

Aquí el agua fresca murmura por las ramas

de manzano, todo el recinto está sombreado

por rosales y en su follaje que la brisa orea

se destila sopor.

Aquí el prado donde pacen los caballos ya está

florido con flores de primavera, y soplan

suavemente las brisas...

Acude, pues, tú, Cipria, coronada de guirnaldas

para verter grácilmente en nuestras copas de oro

el néctar que ya está aderezado y escáncialo

en nuestros festejos.

  

3

Inmortal Afrodita, la de trono pintado,

hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego:

no a mí, no me sometas a penas ni angustias

el ánimo, diosa.

Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,

al escuchar lejos de mi voz la llamada,

las has tendido y, dejando la áurea morada

paterna, viniste,

tras aprestar tu carro. Te conducían lindos

tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.

Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo

cruzaron el éter,

y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,

mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,

me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué

de nuevo te invocaba,

y qué con tanto empeño conseguir deseaba

en mi alocado corazón. “¿A quién, esta vez,

voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,

ay Safo, te agravia?

Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;

si regalos no aceptaba, ahora va a darlos;

y si no te quería, enseguida va a amarte,

aunque ella resista.”

Acúdeme también ahora, y líbrame ya

de mis terribles congojas; cúmpleme que logre

cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra

tú misma mi aliada.




 

 

Fuentes

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Safo

 

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3219

http://dreamers.com/cisne/textos/safo.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Safo

 

 

 

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