¿Qué viene ahora, después de la muerte de Bin Laden?
Internacional, el 09/05/2011 por Raúl Juliet Montero
يأتي بعد ذلك، بعد وفاة بن لادن
El anuncio de la muerte de Osama Bin Laden producto de un operativo de inteligencia de la CIA en una residencia ubicada en Pakistán, sin lugar a dudas tendrá impacto más allá de las fronteras afgano-pakistaní, irradiando sus efectos a los procesos de cambios de regimenes que han estado ocurriendo por estos días en el mundo y en las costas mediterráneas sur. De cualquier forma, tal como fueron sorprendidas las comunidades internacionales, incluidas las agencias de inteligencia occidentales, son escenarios de impredecibles secuelas. “El Corán esta abierto y el contenido de sus páginas son muy difíciles de pronosticar”.

En el insondable mundo de los “gabinetes de emergencias” no se puede dejar de lado, la simultaneidad del caso Bin Laden con las dificultades que han ido surgiendo a la decisión de Washington y la Unión Europea de derrocar – sin excluir asesinarlo, si fuese necesario – al líder Gadafi, sin olvidar las revueltas libertarias en otros países del entorno. Es posible que sean hechos político-militares absolutamente independientes y su ocurrencia en paralelo sea una mera coincidencia, pero lo que si es cierto, que los tiempos actuales son los más propicios en más de 70 años, para el avance de potencias occidentales, que habían sido desplazadas de la región. Hoy, Estados Unidos y de atrás, Francia, el Reino Unido y en menor medida otras potencias europeas, tienen el camino abierto para abrirse espacios de influencia en una zona, como el medio oriente y el norte de África, que les habían sido esquivos a sus afanes imperiales, salvo Israel.
Después de la muerte de Bin Laden, surge como una probabilidad cierta que se sobrevaloren decisiones favorables a la captura de zonas por parte de la OTAN y/o EE.UU. para derrocar a regímenes arcaicos, con antecedentes de respaldo a movimientos terroristas. ¿Cuáles serán estos gobiernos? Claramente serán definidos por las mismas potencias, con dosis de arbitrariedades, sin dejar de presionar con las manos militares, pero sin dejar, siempre, de evaluar los beneficios económicos que le acarrearía “capturar” los recursos petrolíferos.
El momento, por lo en extremo favorable, debe estar en la dirección de “is now or never”.
Para la OTAN y la Casa Blanca el camino está despejado; tanto China como Rusia poco o nada podrían hacer o decir en su condición de potencias mundiales y teóricas contenedoras de expansiones desmedidas, que alteren los equilibrios actuales. Se viven días impensadamente favorables para expansiones de las potencias imperiales, sin contrapesos de importancia. Los no occidentales del Consejo de Seguridad de la ONU jamás, a pesar de sus esfuerzos, penetrar en el mundo creyente árabe y han sido vistos por los musulmanes como enemigos ateos, descreídos, no fiables.
Más allá del deceso, para el demócrata Barack Obama es un enorme triunfo tanto en lo internacional, como al interior de su país, debiendo recuperar parte de su perdida popularidad, con vistas a la elección presidencial del próximo año, que se veía afectada por la feroz arremetida de los ultra-conservadores republicanos.
Por cierto, una buena noticia para el multilateralismo y el fortalecimiento de políticas moderadas, debería ser una de las primeras consecuencias.
En el mensaje al mundo de Obama, anunciando oficialmente la muerte de Osama Bin Laden, el afroamericano residente de la Casa Blanca mostró nobleza, al precisar que la “lucha contra el terrorismo no ha finalizado, pero que la continuidad de ésta se hará con el más absoluto respeto a los derechos humanos”, sin equivocarse en que “los terroristas islamitas no representan a la enorme mayoría de musulmanes, una religión de paz”. Obama no escatimó en calificar “a su antecesor Bush, como protector de acciones aberrantes e incitadoras a crímenes inaceptables”.
El júbilo conjuntamente con el re-surgimiento del nacionalismo “yanqui” es entendible, incluso aplaudible; lo interesante es que se canalice positivamente y no resulte favoreciendo a “los halcones republicanos”. Obama tiene la oportunidad de reabrir la agenda progresista, hasta ahora, limitada por la ferocidad de la oposición conservadora estadounidense.

La lucha no termina con la muerte del líder de Al Qaeda; es más la rearticulación, incluso la atomización de fracciones dentro de los diversos movimientos más radicales, está latente; las posibilidades de nuevos atentados terroristas son enormes, especialmente en las principales ciudades de occidente. Por otro lado, en Latinoamérica, de preferencia las autoridades de Brasil, México y Chile deberán estar muy atentas, como también el siempre débil y corruptible Paraguay, país “ideal” para radicar cualquiera aventura. Brasil, dada su condición de mega-potencia aparece como un lugar muy atrayente para efectuar actos terroristas, por la cadena de pánico mundial que provocaría, sin duda el principal de los objetivos de estas acciones. En el “narcotráficado” México, las sabidas conexiones entre los carteles de las drogas y Al Qaeda o radicales islamitas, posibilitan la base logística suficiente para optar las tierras aztecas como objetivo, más si se tiene a la vista la cercanía con EE.UU. Y Chile, es uno de los países “favoritos” de Washington y por ende, también lo es “de los enemigos terroristas de Estados Unidos”, factor que se potencia a la hora de analizar la presencia de islamitas en el norte chileno hace algunos años. Finalmente, en el ámbito hemisférico, la permeabilidad paraguaya, poseedora de una realidad, lastimosamente abierta a los sobornos, corrupción y otros males, no extrañaría que haya sido elegida como “discreto centro de operaciones en el corazón sudamericano”. La lógica indica, que las policías nacionales adopten las medidas necesarias conducentes a proteger la población de la ocurrencia de actos terroristas, teniendo especial cuidado de evitar sobredimensiones, que posibiliten la ingerencia de agencias norteamericanas, como la CIA, el FBI o la DEA, más allá de lo que la independencia soberana permite.

En la hipótesis que el terrorismo decaiga a niveles irrelevantes, los desajustes sociales y económicos, como la escasa asimetría entre los países desarrollados y “los demás” en especial los focalizados en el mundo árabe, debería asomar como la principal preocupación, como factor irrenunciable, si de verdad se anhela una paz – interna y externa – en la región. Esta sería una sana acción erradicadora del terrorismo. Al Qaeda ha sido la respuesta, equivocada o no, a heridas abiertas de tiempos coloniales, de allí que en la medida que los países de la OTAN y EEUU bien entiendan la realidad islámica, se puede lograr la seguridad necesaria para una sana convivencia, modalidad que incluso acarrearía beneficios a las potenciales occidentales, garantizando un mercado petrolero más estable, con menos volatilidad, que posibilite planificar en el mediano plazo los costos energéticos de esta fuente.
Pero la acción que pudieren adoptar los países árabes y/o musulmanes también resulta fundamental. La carencia de unidad de los gobiernos de la Liga Árabe y las disputas de Irán y sus aspiraciones de liderazgo regional, complotan contra el clima de buen entendimiento. Sería muy productivo para estos países, por lo general riquísimos, paradójicamente detentadores de enormes bolsones de miseria dura, catalizar la mayoría de sus esfuerzos productivos en mejoras generalizadas de la condiciones de vida de sus habitantes, sin necesidad de considerar a estas, bajo los estándares consumistas del neoliberalismo, sino que respetando las tradiciones de sus idiosincrasias.
Si del inesperado beneplácito generalizado que ha provocado la muerte del líder de Al Qaeda, surge con mayor fortaleza, potenciar los mecanismos de diálogo, negociaciones y búsquedas ansiosas del entendimiento, entre personas, gobernantes y gobernados y entre gobiernos, de verdad la causa de la paz, habrá conseguido un gran logro en la historia de la humanidad; pero si de este mismo fallecimiento, se exacerban los triunfalismos nacionalistas y se retrocede a la soberbia, estaremos ante una nueva nube negra, preludio de grandes tormentas contra los cimientos mismo la paz.
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