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Percibir, Sentir y Razonar

La caída de los príncipes de la Revolución en América Latina (I)

Internacional, el 13/09/2011 por Emmanuel Milla-Gatica

El frío razonamiento de los expertos esconde una total impotencia y abdicación ante el empleo de la fuerza bruta.

Durante el siglo pasado pocas fueron las acciones o actos revolucionarios en América Latina que dieron razón a sus respectivos actores, y  por una razón muy simple, las divergencias de análisis abrazaban todas sus componentes. 

Las contradicciones no tan sólo existían entre los enemigos "naturales", vale decir, el mundo desarrollado contra países en via de desarrollo, Norte contra Sur, mundo capitalista contra bloque socialista (comúnmente llamado hoy en día Socialismo Real, en oposición a sus postulados históricos y filosóficos), países pobres contra países ricos, sino también al interior mismo de aquellos que alzaban los estandartes de la justicia social contra la opresión capitalista ejercida por el Occidente. 

El Ogro Occidental fue instrumentalizado, pisoteado, quemado por casi todos los intelectuales auto-proclamados de izquierda del mundo entero y en América Latina en particular. Aun hoy en día podemos ver en el continente Latino Americano los sobrevivientes de esta retórica simplista, partisana y peligrosa para la evolución democrática de nuestras respectivas naciones. 

El castrismo cubano y el caso Chávez son el mejor reflejo de esta inepcia intelectual en la cual se entre-mezclan una actitud histórica caudillista y una legitima aspiración de los pueblos a un mejor porvenir, instrumentalizada por una semántica que está muy lejos de lo que podríamos considerar como verdadero y necesario en toda República digna de ese nombre. 

Nunca tuvimos razón para rebelarnos contra la opresión, de abandonar nuestras propias juventudes, y en muchos casos, dejar la vida en el camino del combate revolucionario, tanto por parte de aquellos que nos combatieron como al interior mismo de nuestros seudo aliados estratégicos. Sin embargo, fue muy justo y necesario para la construcción social y el pensamiento incluyente de nuestra historia.


La pregunta se impone de immediato: ¿Bajo estas condiciones la revolución y la indignación social podían alterar o perturbar el orden de las cosas?

Empero, todo funcionaba en "vase clos", como encapsulado, incomunicado, todo se pasaba entre personas de un mismo mundo, de la misma opinion política y con la misma visión del mundo : las imágenes, los análisis, los comentarios y las inventivas fueron víctimas de un paralelismo intelectual endémico, corrompido desde adentro. 

La revolución misma hacía parte del espectaculo intelectual y retórico que nos ofrecían sus mas activos representantes o auto-proclamados como tales. Una cierta "postura moral", llamada por la ocasión conciencia política, fue integrada en el circuito mismo de la comunicación y de la propaganda, tal cual como lo hicieron los nazis para vehicular su ideologia genocidiaria y plasmar la Shoa o el regimen Soviético con el Gulag. Esta consciencia política fue uno de los ingredientes obligados de toda semántica contestaria y se ubicó bajo la juridicción legitimista casi exclusiva de un club de biliosos todo terreno donde la palabra clave era "intelectuales de izquierda".

Estos asistentes del socialismo revolucionario, del porvenir social de los pueblos, acompañaron con sus interpretaciones todas las aspiraciones legítimas de los oprimidos durante los ultimos cincuenta años del siglo XX, con una especie de "flatus vocis", grito primario, y/o de vociferaciones permanentes que tendían a proliferar como los hongos en los tijerales de la actualidad planetaria de aquella epoca. 

Ante esta vehemencia indiferenciada, los príncipes de la revolución, sus expertos y sus misionarios oscilaban entre la condescendencia y el enervamiento, pero, en la gran mayoria de los casos estos les servían de cincel y de mallete. Juntos formaron el duo de la Razon y de la Colera enhardeciendose, por un lado, del  calido homenaje emocianal y popular que las masas ignorantes les rendian y, por el otro, regocijados en una supuesta notoriedad intelectual que luchaba por todos los medios por mantener la cabeza fria y el corazon ardiente. 

Si ellos saludaban o reconocian ciertos electrones libres o la sinceridad de ciertos ardores justicieros independientes a este lineamiento (alienación sería más apropiado) era para aplaudirse ellos mismos de ser solidarios, humanistas impávidos y clarivedentes. La intensidad del afecto hacía valer por contraste sus capacidades intactas al análisis y a la anticipación. A los reflejos generosos que pretendían ofrecer  soluciones intuitivas estos les oponían el duro labor de la reflexión, de immediato poco simpática pero intimamente mas meritoria y reconfortante. A los movimientos líricos del corazón y a las inventivas furiosas de sus oponentes, no tan solo del otro campo, estos príncipes de la revolución, oponían una especie de "telespectáculo" caótico de un mundo en convulsion y de la necesaria revolucion permanente. Respondían por la necesidad conceptual de mantener un rumbo, de bien distinguir los males que, segun ellos, no dependían en absoluto de los oprimidos, sino mas bien de un tirano histórico que se placía en ejecutarnos como marionetas. 

Todo intento de análisis independiente a este dogma intelectual era casi imposible, es decir que, esa capacidad a considerar todo aquello que no era de la entera resposabilidad de los opresores: el pasado y lo posible, las causas y sus consecuencias, la profundidad histórica y sus expectativas en la acción, eran catalogados de contra revolucionario de facto. 

Los grandes defensores de la Democracia popular fueron los mas diestros alabañiles contructores del totalitarismo ideológico, del dogma intelectual y de la mediocridad revolucionaria.

Es precisamente contra esta baja retórica o postura revolucionaria que podemos hoy en día, con justa razon, alzar nuestra voz para felicitarnos del coraje, si, coraje!, de haber resistido a las tentaciones, a la seducción, por simpáticas y agradables que hayan sido, y de haber tenido la sobria consciencia de justicia, al margen de esta iluminación de ciegos, de esta cacofonía intelectual izquierdista.

La confiscación del movimiento revolucionario internacional, y en nuestro caso continental, por algunos imprecadores polivalentes fue dos veces lamentable y nefasta para nuestras naciones y para la idea de justicia social que, legitimamente, nos podemos hacer y a las cuales podemos justamente aspirar: si descartamos el caso cubano, como último bastion de esta inepcia revolucionaria, en América Latina el compromiso político tradicional resforzó la apatía de la opinion reduciendo toda acción pública a una gesticulación olimpiana e irrisoria, a una insignificancia histórica strictu sensus. 

Esto conforta el clarividente análisis que hacia Hannah Arendt llamándolos "los especialistas de las soluciones a los problemas" o solucionistas preceptores germaniaes, en la idea que menos nos sentimos emocionados por los problemas, mas nos sentimos inteligentes, y más razón tenemos al imponer nuestras ideas. En segundo lugar, todos sabemos, sin ser necesariamente un gran intelectual o filósofo, que no es la resistencia a una agresión, a una ocupación o a una purifcicación ideologica que hace a los grandes hombres, al revolucionario, sino mas bien la resistencia al deseo, a la ambición misma de resistir!

Defender las verdades de hecho y no las seudo teorías

Si bien es cierto que es bastante tarde para sustraer el compromiso político a la lógica del espectáculo revolucionario y a la inexorable farándula de los fenómenos históricos, aun podemos tratar de decir que el rey esta desnudo y que la razón de estos únicos expertos en revoluciones fue, en lo que se refiere a América latina, una infructuosa empresa de racionalización de los problemas y de sus soluciones, además de haber sido un espantoso fiasco de justicia social. 

Hace algunos siglos atrás que Pascal previno que: "La justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza  sin la justicia es tiranía. La justicia sin fuerza se contradice de ella misma porque siempre habrán asesinos y malhechores: la fuerza sin la justicia acusa una cierta flaqueza, y por esta razón es muy necesario juntar y coordinar la justicia y la fuerza". Ahora bien, no es a un Chavez o a un Raúl Castro a quienes tendríamos la pretensión de hacerles comprender y aplicar esta  lúcida sentencia, por una razón muy simple, al inepto mientras le muestran el cielo este mira el dedo.

Desde la Revolución mexicana, pasando por la Bahía de Cochinos en Cuba, la Unidad Popular en Chile y hoy el caso Chávez en Venezuela, hemos hecho exactamente todo lo contrario del principio mismo de Revolución. Hemos hecho, con un escrúpulo de jesuitas, o separado lo que hubiera sido necesario imperativamente de poner uno al lado del otro, de haber unido histórica y políticamente. Resultado: la fuerza se burló del Derecho y de la Justicia y no le queda más, a esta última, que homologar como por pereza y falta de otra cosa, las conquistas por la fuerza.

¿Como podriamos nosotros intelectuales, hoy en dia, escapar a esta forma de abdicación?   

Y no acusando y criticando  a la fiera, al depredador histórico, si no más bien a la presa, a la víctima: tratando de ultristas contra-revolucionarios aquellos mismos que construyeron y aceptaron esta forma de compromiso  revolucionario y de totalitarismo histórico, político y sobre todo ideológico. 

Esta mediocridad intelectual que pretende darle lecciones de ética y de moral a un Occidente más que decadente y consumido en sus propias contradicciones. De extirpar de nuestras realidades todos esos planes y proyectos sociales inspirados en ideologías producidas por el supuesto enemigo que pretendemos combatir: marxismo, leninismo y socialismo. En suma, sería vital y verdaremante revolucionario transferir la culpabilidad de la fuerza propuesta hacia sus objetivos históricos, hacia un terreno mas palpable y legítimo y anclado en nuestra propia realidad histórico cultural.

Los estrategas y politólogos Latino-americanos que aún siguen afirmando que todos nuestros males vienen o son provocados por el Occidente, por la Globalización capitalista del mundo ejercida por los europeos por un lado y por los Estados Unidos por otro, tanto por su rechazo a nuestra emancipacion como por el intermedio del reconocimiento prematuro, de la ingerencia ideológica que por la asimilacion de algunos de nuestros valores revolucionarios, apoyándose para ello en la cronología de la historia, solo esperan  ser conjurados o amenizar y atenuar la debacle de la cual son ellos mismos los responsables y artesanos. 

Y cuando estos imputan la responsabilidad de la miseria social de nuestro continente generada por la crisis económica, financiera y sistémica a la falange devastadora  de los "traders" occidentales o al arrogante genio imperialista norte-americano que los hubiera puesto en la boca del lobo, por arte de magia, no hacen mas que agregar la difamación al abandono donde fueron dejados nuestros conciudadanos, las verdaderas victimas de esta torpe consideracion y análisis.

No obstante, falta de salvar a los hombres, la tierra y las piedras tutelarias que se erigen en nuestro dolorido suelo, sería necesario y productivo defender las verdades de hecho contra la manipulación de los competentes y oficiales de la revolución bolivariana que se elevan en las tribunas como patricios romanos. 

No es a través de la secesión ejercida entre la Cultura y la Historia política de América latina que se obtendría  la justicia y el equilibrio social en nuestros pueblos. No es de la negación cultural que fluye la negación o inexistencia de identidad en tanto que patrimonio cultural universal, no. No es tampoco  la afirmación de una supuesta cultura y en la valorizacion de sus artificios, de sus aditivos y avatares que nacerá la revolucion cultural Latinoamericana. La negación jamas ha surgido de la negación.

Las impetuosas y controvertidas declaraciones, por ejemplo, de independencia politica, de "socialismo bolivariano" de un Chávez (este concepto no tan solo es una pura contradicción sino que es el más patético ejemplo de esa incapacidad intelectual en la cual se bañan nuestros príncipes de la revolucion cultural y social) no han transformado ni mejorado en nada a la sociedad venezolana, bien por el contrario, la regresión social es mas que palpable y alarmante. Sin olvidar la falta de expresión y de opocisión política consecuente, las logorreas verbales sin fundamentos y un analisis de la conyuntura mundial expoliado de toda brillantez intelectual, es lo que me hace pensar y afirmar que, finalmente, los pueblos no tienen mas que el gobierno que se merecen !.

A esto se agregan los recientes aconteceres politicos de las republicas bananeras de América central, del Perú, del Paraguay, y como cumbre de toda esta inepcia, el caso colombiano que, poco a poco, se ha ido transformado en la republica mundial del narco-terrorismo junto al Afganistán, ejercida no tan solo por parte de los famosos Carteles sino tambien, y lo que es peor, por el Gobierno mismo con el apoyo mas que evidente de la CIA siempre ávida de recusrsos económicos paralelos para financiar todas sus guerras sucias y operaciones de destabilización conducidas a través del mundo.

El reconocimiento del Brasil como potencia emergente por parte del Occidente no es más que un juego de avalorios de las cuales los únicos perdodores seran los propios brasileños. Mismo si este pais lograra alzarse al tercer o segundo ranking mundial (décima potencia económica mundial actual) jamás logrará erradicar por completo la miseria, la violencia tanto criminal (que no es más que el reflejo de una violencia social camuflada) como política, pues el analisis y los instrumentos de medida con los cuales son obtenidos dichos resultados estan en total contradiccion con la micro-realidad de sus componentes particulares. Lo que hoy prevalece como fuerza economica en el Brasil es su capacidad a consumir los bienes y servicios del capitalismo mundial (fuerza demografica) a generar ciertos recursos naturales , minerales o fosiles necesarios al buen funcionamiento de los paises hyper-industrializados (fuerza geo-estrategica) y una cierta originalidad política a enfrentar sus problemáticas internas como también regionales. Pero todos sabemos que esto no es mas que espejismo, promesas destinadas a satisfacer solo aquellos que las creen, nada mas. Y esto no es ser pesimista, esto es una mera realidad.      

Ahora bien, felimente para nuestro continente, Lula se destaca por su original esfuerzo en el plano social, por un lineamiento político y diplomático ejemplar de toda esa tendencia "socialista bolivariana" en la cual se identifican ciertos tenores de la politica Latinoamericana. No es el único en este caso, un Evo Morales se adjunta a esta pequeña lista a pesar de la mala influencia que ejercen los Caudillos de la nueva revolución socialista bolivariana. Bolívar debe darse vueltas en su tumba!

Este nuevo concepto de "revolución socialista bolivariana" es un terrible error no tan solo estratégico sino tambien, y ante todo, intelectual, semántico y cultural. Sus defensores me dirán, tal vez, pero no hay que olvidar que más vale tener un mal proyecto que ser víctimas de una total ausencia de proyectos. Completamente de acuerdo, solo que aquí no se trata de un mal proyecto, justamente, este concepto denota una total ausencia de proyecto, esa es la triste realidad, pues creyendo hacer algo con un concepto contradictorio no se hace nada. 

¿Podemos verdaderamente calificar de revolución cultural socialista y bolivariana la ofensiva caudillista que abraza el continente Latinoamericano y en la cual se inscriben la gran mayoría de sus miembros como los más destacados de sus intelectuales?  Evidentemente la respuesta es negativa.


Declararse anti-imperialista o anti-capitalista hoy en día, sirviéndose de todos los mecanismos y herramientas que ofrece el sistema capitalista mundial para tratar de sustentar las masas hambrientas, vender sus propios recursos energéticos o simplemente para consumir todos los artificios de comsumo que genera la producción industrial de las potencias económicas actuales me parece bastante ingenuo, contradictorio y peligroso. 

Primero que nada Ingenuo porque la noción misma de supremacía imperialista debe ser sujeta a una crítica general profunda en sus variantes clásicas y actuales. En sus variantes clásicas las teorías de Imperialismo fueron elaboradas por los ideólogos marxistas europeos para comprender las mutaciones del orden internacional en el contexto de una primera mundialización liberal marcada en lo general por características similares a la mundializacion neo-liberal actual: explosión de los flujos migratorios, mercantiles, financieros, comunicacionales, multinacionalizaciones de las empresas industriales y de los movimientos obreros, consolidación de los imperios político-económicos por las grandes potencias europeas y norteamericana. 

La fuerza de las teorías clásicas del imperialismo reposaba sobre la articulación entre algunos de estos elementos claves, en particular entre los flujos financieros y las asimetrías militar-politicas. 

Una reconstrucción crítica del concepto de imperialismo permitiría a estos príncipes de la revolución de iluminarlos sobre las asimetrías estructurales que genera la actual globalización neoliberal entre las sociedades de estado, entre los espacios nacionales y continentales y entre los territorios, regiones y organizaciones estatales que no tiene nada de imperialista como clasicamente lo entendemos. Esta reconstrucción crítica permitiría además asentar de una vez por todas y de depasar una cierta ontología de la simetría que domina por lo general los discursos a la vez prácticos, simplistas y demagógicos que estos grandes pensadores revolucionarios se hacen y propagan de la mundializacion.

Esto me parece aun más necesario considerando la reacción socio-política e ideológica que apareció al otro día del ataque terrorista del 11 de septiembre 2001 y que se traduce por un prejuicio favorable a la postura imperialista que podemos facilmente denotar en los discursos politicos norteamericanos y en aquel de ciertos intelectuales conservadores como liberales del mundo entero. El discurso anti-imperialista y la denuncia del imperio reaparecio en las tribunas como una temática estructurante en el seno de la mundialización y en un cierto estudio del nuevo orden internacional.   

¿Cuales son los argumentos válidos de las teorías clásicas del anti-imperialismo o de una teoria contemporanea del imperialismo a las diferentes problemáticas de nuestro continente? ¿Entre los esfuerzos actuales de teorización de los aspectos estructurales del imperialismo cuales son aquellos que representan verdaderamente un peligro immediato para nuestras sociedades en general y para los individuos en particular? ¿Imperialismo y mundialización, anti-imperialismo y alter-mundialismo son, como lo pretenden los nuevos príncipes de la revolución, teoricamente y empiricamente incompatibles, o bien por el contrario, podemos pensar en una cierta estiba dialéctica? 

Para responder a estas interrogantes debemos analizar de manera transversal la economía política de lo que se puede llamar "nuevo imperialismo". 

El estudio de la economía política pasa necesariamente por un análisis de la mundialización financiera. Una de las principales flaquezas del concepto de imperialismo, tal cual fue definido después de la segunda guerra mundial por los ideocratas del marxismo y del socialismo real, era su singular incapcidad a adaptarse a las transformaciones sociales, económicas y politicas de los años 1970 y 1980. 

Me parece imposible entonces abordar el concepto de imperialismo sin comprender las transformaciones intrínsecas del capitalismo y del mundo y de aplicar dichas transformaciones económicas al concepto de imperialismo. ¿El concepto de imperialismo será pertinente en el cuadro de las transformaciones económicas y como podemos adaptar su crítica a estas transformaciones? Y para terminar ¿ Que nos ofrece esta crítica o estudio del imperialismo a la comprehensión de las transformaciones sistémicas actuales del capitalismo?

Contradictorio si consideramos la sociologia politica del imperialismo. La definición leninista fue probablemente la más estudiada y curiosamente fue la que más dejo en la sombra una serie de observaciones y aproximaciones que considerando la evolución del mundo serían más adecuadas a nuestra situación contemporanea. 

Sin embargo, esta definición por tentadora que ella sea, no se puede aplicar a la reorganización estructural contemporanea de la civilización humana por la simple razón que este análisis del concepto de imperialismo fue elaborado hace ya más de cincuenta años, y que los obejtivos, el trabajo teórico y de reflexión de estos autores no nos permiten comprender las problemáticas del capitalismo global. La aproximacion teórica más responsable y pertinente en el cuadro contemporaneo sería de redefinir el concepto de imperialismo como immanente a la teoria de la mundialización.

Peligroso por sus móviles ideológicos y morales simplistas que han servido para explicar las transformaciones ejercidas por el concepto de mundialización. A este efecto se ha desarrollado un movimiento de opocisión, llamado altermundialista, en el cual se bañan a profusión todos los desquiciados, resentedidos y nostálgicos del socialismo real, como una necesidad intelectual revolucionaria (son ellos que lo dicen) de oponerse de frente al imperialismo capitalista y a la mundialización neoliberal. 

Considerando la fragilidad social del mundo, la total carencia de projectos comunes, de valores, y en nuestro caso de Cultura común como eje movilizador y dinámico, se agrega la ignorancia de los pueblos debido a la desinformación imperante, resultado de la intoxicación informativa ofrecida como bienes de consumo por los medios de comunicación, estas teorías representan un verdadero peligro tanto como regresión intelectual  que como forma de aislamiento político regional e insolación económica internacional. Cuba es el mejor ejemplo si, de antemano, abandonamos la postura y el partidismo ideológico-afectivo, de este aislamiento, y Venezuela consecuencia de una visceral demagogia y declaraciones que no suben el nivel de la cintura seguirá el mismo destino. No es el apoyo temporario e incondicional de Iran o de las autenticas y endémicas repúblicas bananeras de Africa que lo protejeran de la decadencia politico social.

Si bien es cierto que algunos paises se ven naturalmente impulsados a extender su influencia para difundir sus valores politicos, culturales o religiosos. Hay que recordar que uno de los factores que propiciaron la constitución del Imperio Británico fue la idea de que era la responsabilidad del "hombre blanco" civilizar a los pueblos atrasados. 

La expansión alemana que tuvo lugar durante el régimen de Adolfo Hitler se basaba en gran medida en la creencia en la superioridad inherente a la cultura alemana. El deseo por parte de los Estados Unidos de "proteger al mundo libre" y el interés de la antigua Unión Sovietica por "liberar" a los pueblos de la Europa del Este y del Tercer Mundo son tambien un ejemplo de este tipo de imperialismo. 

De igual manera podemos hablar de imperialismo ideológico revolucionario la presión que ha ejercido Cuba después de la revolución del 26 de julio lo que se traduce hoy en día por el despertar de ciertos caudillos de excavar del reposo eterno el espectro de Simón Bolívar y de su justo proyecto de una Gran Nación-federación Latinoamericana para satisfacer sus ambiciones históricas y legitimizar lo que se aparenta más a una dictadura que a una verdadera democracia original y republicana.

He tratado en estas líneas, de manera simplificada, de presentar las dinámicas históricas del proceso crítico de dominación imperialista, tanto de los actores que la encarnan como de aquellos que la padecen. 

Se trata en efecto, todos lo habran comprendido, de reubicar la crítica de la dominación en un contexto de emergencia y de considerarlos en el tiempo y el espacio. Las herencias, las filiaciones y sus respectivas crisis en un reposicionamiento histórico sin ideologia y reconversiones de los diferentes actores del nuevo socialismo revolucionario bolivariano como una triste continuidad del socialismo real del siglo XX. 

El imperialismo ideologico revolucionario no es la respuesta adecuada a las condiciones externas de nuestras naciones basado en algunas circunstancias aisladas, por terrible y dolorosas que estas sean, a una propuesta de proyeto político de las naciones mas débiles para enfrentar el Ogro Occidental. La interpretación histórica que dan los nuevos príncipes de la revolucion bolivariana señala en todo caso la incapacidad intelectual que los caracteriza y por otro lado que es posible que las potencias mas fuertes no tengan ninguna intención de expandirse, pero que se vean obligadas a hacerlo debido a la inestabilidad de nuestras naciones, a los compromisos con los diferentes imperios pasados por nuestros propios responsables políticos e intelectuales sin ningún escrúpulo idelógico ni mucho menos histórico.

Si bien es cierto que las grandes naciones representan un peligro y una amenaza permanente a la soberanía de las mas pequeñas no hay que olvidar, que bajo el pretexto que somos oprimidos, el enemigo se encuentra al interior de nuestras propias fronteras, en nuestra propia casa.

 

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