El Triangular Magazine — Informacion, Arte y Cultura

Percibir, Sentir y Razonar

El primer impulso (Leyenda)

Literatura, el 24/06/2011 por Henry Manzueta

Era Turiri un acaudalado vecino de Bagdad, muy renombrado por sus virtudes. No sólo socorría a los pobres, hasta el punto de reducir su lujo para multiplicar sus limosnas, sino que daba pruebas de extraordinaria paciencia al escuchar las quejas de los necesitados y fortalecerles con palabras de consuelo. Turiri sufría con resignación todos los contratiempos que constituyen la trama casi completa de la vida humana.

Era en extremo tolerante y no se molestaba cuando alguien no era de su misma opinión, virtud rara y difícil porque el deseo secreto de todo hombre consiste en que todos los demás seres le sean a la vez inferiores y semejantes. Casado con una mujer de muy mal carácter, le era fiel, le perdonaba sus intemperancias y no la menospreciaba, porque distase mucho de ser joven y hermosa.

Además, siendo como era muy aficionado a componer versos y escribir fábulas dialogadas para el teatro, complacíanle los buenos éxitos de sus rivales, a los que felicitaba por sus triunfos.

En una palabra, toda su vida no era más que caridad, dulzura, lealtad, desinterés y en fin, por tantas perfecciones tenía fama de santo. Sin embargo, no poseía la serenidad que generalmente resplandece en el rostro de los santos. Parecía, por el contrario, que era víctima de violentas pasiones o de ocultas angustias. Y con frecuencia se le veía bajar un momento la vista ya para reconcentrar el pensamiento, ya para evitar que alguien pudiese leer en sus ojos.

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