Elemental, Mi querido Watson: Sir Arthur Conan Doyle, espiritísta.

Literatura, el 10 de febrero 2012 por El Triangular Magazine
Sir Arthur John Doyle era el rey de los caricaturistas políticos de Londres, y trabajaba bajo el seudónimo de "H.B". De clase acomodada provinciana irlandesa, siendo joven se había ido a vivir a Londres, donde se casó con Anne Mary Conan, proveniente de la casa ducal de los Conan de Bretaña, una dulce mujer, madre de sus hijos James, Richard, Henry y Charles Altamont. Anne murió cuando sus hijos ya estaban crecidos.
A los 19 años, Charles consiguió un empleo como inspector asistente en el Scotland's Board of Work, en Edimburgo, Escocia. En la casa donde vivía, conoció a Mary Foley, la hija menor de su casera, una viuda católica irlandesa. Mary era bonita y vivaz. En 1855 se casaron. El tenía 22 años y ella 17. A la primera hija que tuvieron la llamaron Annette.
Cuatro años más tarde, Mary le dio una noticia a su esposo.El 22 de mayo de 1859, una fina y monótona lluvia caía sobre Edimburgo, mientras que en el pequeño apartamento en que vivían los Doyle, en el callejón de la Picardía, Mary dio a luz a un niño que bautizaron con el nombre de Arthur Ignatius Conan Doyle.
Los hermanos de Charles eran todos hombres exitosos. James era un notable historiador y artista. Henry era director de la Galería Nacional de Irlanda. Richard ilustraba libros de niños y se hizo famoso por sus trabajos en la revista humorística Punch; pero Charles nunca progresó, porque sufría de alcoholismo. El hacía algunas pinturas para ganar dinero extra, pero no le iba bien.
Charles y Mary tuvieron 10 hijos en total, pero solo sobrevivieron siete.Mary era una excelente ama de casa, pero nunca dejaba de leer algún libro. Tenía un talento especial para contar cuentos, y Arthur se asustaba cuando ella dramatizaba las historias de horror. Arthur creció en una atmósfera de pobreza. Su familia al menos se mudó 10 veces de vivienda antes de que él cumpliera los 9 años de edad, incluso lo enviaron a vivir con unos amigos.
Cuenta el biógrafo Walter McGuinness en su libro Conan Doyle, que los tíos ricos paternos de Arthur ofrecieron internarlo en Hodder House, una escuela jesuita en Lancashire, Inglaterra. Arthur abordó el tren en Edimburgo solo y la mayor parte del viaje la pasó llorando.
En Hodder permaneció dos años, después lo internaron durante cinco años en la escuela jesuita de estudios preuniversitarios Stonyhurst. A las seis de la mañana los levantaban y en el salón de estudio, sin calefacción, sentían un frío intenso.
En su autobiografía Memorias y aventuras, Conan Doyle contaría años más tarde:
"Los castigos corporales eran severos. Uno de ellos era aplicar con una cazuela plana de hule, llamada Talley, nueve golpes en cada mano al alumno, hasta que se les ponían negras e hinchadas".
Arthur nunca mencionó esos abusos en ninguna de sus cartas a su familia. Y cuando tenía las manos lastimadas, achacaba su mala letra a problemas de la enseñanza.
Lo único que lo hacía feliz era la práctica de deportes, como la natación, el fútbol o el patinaje sobre hielo.
Su tío Conan, desde Francia, le envió el libro de poesías Cantos de la Roma Antigua, de lord Macaulay. En cuanto lo abrió, fue como si el sol entrase por su ventana. Pronto, él mismo escribía poesías que enviaba al tío para que las evaluara.
Su tío Conan le escribió a Mary diciéndole: "Arthur tiene mucho talento e inspiración genuina".
Para la Navidad de 1874, su tía Annette lo invitó a pasar tres semanas en Londres; una vez allí, junto a sus tíos James y Richard, lo llevó a los lugares de importancia.
Arthur pasó los exámenes finales de Stonyhurst con distinciones. El había aprendido francés y alemán, y como aún era muy joven, lo enviaron un año más a perfeccionar su instrucción a una gran escuela jesuita en Feldkirch, Austria Occidental. Allí mejoró su alemán y entró a formar parte de una banda musical tocando la tuba, el instrumento más grande y más grave de todos. -Soplar es un magnífico ejercicio para el pecho -decía. Y también escribía relatos.
Su madre, instigada por su amigo, el doctor Bryan Charles Waller, decidió que Arthur estudiase Medicina en la Universidad de Edimburgo. El no puso objeción. Por ese entonces cayó en sus manos un libro de Edgar Allan Poe, y el cuento El escarabajo de oro lo impresionó mucho.

De regresó a su hogar, visitó a su tío Conan en París. En él, Arthur encontró a un amigo con quien hablar de sus escritos.
En 1876, cuando Arthur llegó a su casa medía 6'2" (1.88 m) y pesaba 92 kilos (202 libras). Todos lo abrazaron emocionados y él no podía contener la lágrimas.
Desde ese momento llamó a su madre "La señora", como un distintivo honorífico que ella merecía.
Arthur ganó la beca en el examen de ingreso a la Universidad de Edimburgo, pero por un error burocrático el dinero se lo dieron a otro estudiante.
En la Universidad le llamó poderosamente la atención el profesor Joseph Bell, quien era la simpatía personificada.
-No pueden pasar por alto ningún detalle en un paciente. Deben seguir pistas, servirse de ojos, oídos, manos y cerebro para poder hacer un buen diagnóstico -les decía a los estudiantes.
La suspicacia y la sagacidad de Bell lo impresionaron mucho, pero hubo un caso que marcó a Arthur para siempre: el de un hombre con elefantiasis que fue admitido en el hospital y no se quitó el sombrero al entrar. Tenía acento escocés y un aire de autoridad. El profesor Bell dedujo:
-Este paciente proviene de Highland Regiment, ya que mantuvo el sombrero puesto como es costumbre en el ejército, y ha estado en Barbados, ya que la elefantiasis es una enfermedad del Caribe.
Tuvo razón. El profesor Bell inspiró a Arthur a crear años más tarde al detective Sherlock Holmes.
El Dr. Waller, el amigo de su madre, era agnóstico y le hizo revalorar sus creencias. En Arthur se produjo una actitud de distanciamiento religioso.
En su casa, la situación era desesperante con su padre, quien estaba en cama.
En la primavera de 1879, Arthur escribió el cuento corto El misterio del valle de Sasassa. El Chambers Journal le ofreció tres guineas, pero cuando se lo publicaron le habían suprimido todos sus "damn it!" (¡maldita sea!). A finales de 1880 se le presentó un trabajo como cirujano en el ballenero Hope, en una travesía que duraría siete meses por el Artico, en busca de focas y ballenas.
A unas 100 millas de Groenlandia vieron una manada de focas. Tras un día de matanza y de arrancarles las pieles a estos animales, continuaron el viaje en busca de ballenas, y saboreó el peligro a cada instante. Cuando regresó, tenía 50 libras en piezas de oro y se las entregó a su madre.
Arthur se enamoró de cinco mujeres a la vez, aunque decía que sus intenciones eran honorables. Pero se interesó más en Elmore Wenden, una linda irlandesa de cabellos negros, gordita y de carácter variable.
En 1881 le otorgaron su título de Medicina y Maestro de Cirugía. Como cirujano calificado lo contrataron para hacer otro viaje marítimo en el S.S. Mayumba. El aceptó.
El viaje resultó una pesadilla. El clima era atroz, Arthur contrajo la fiebre africana, estuvo a punto de que se lo comiera un tiburón y el S.S. Mayumba sufrió un incendio entre Madeira e Inglaterra.
Sus tíos de Londres lo invitaron a que viniese a discutir su futuro, ya que con las influyentes relaciones católicas que tenían, podría hacer una fortuna.
La reunión se efectuó en el comedor del Terrado, de Cambridge. En torno a la gran mesa se habían sentado grandes amigos de su abuelo John y representantes del mundo literario al que Arthur se sentía atraído.
La escena fue amarga, con disputas en las que ambas partes tenían algo de razón. Para sus tíos, lo único que importaba en la vida era la iglesia católica, por la que sus antepasados lo habían dado todo. Arthur les confirmó que era agnóstico y que nunca actuaba hipócritamente por conveniencia.
En Plymouth trabajó por un tiempo con su antiguo compañero, el Dr. Budd, como socio en un consultorio. Pero Budd era extravagante y se separaron en términos no muy buenos. Humillado, aceptó que Budd le prestase una libra semanal hasta que él pudiese establecerse por cuenta propia y le devolviese el préstamo.
En Portmouth alquiló una casita de ladrillos en los suburbios de Southeast. Compró lo indispensable para habilitar el consultorio y una cama para la habitación del primer piso donde dormiría.Luego colocó afuera la placa de bronce con su nombre. A falta de criados, le pidió a su madre que le enviase a su hermano Innes, de 10 años, para que lo ayudase. Lentamente, algunos pacientes fueron llegando. Arthur envió a la Corhill Magazine, un relato por el que le pagaron 29 guineas y que apareció publicado sin firma; este recibió muy buena aceptación de los críticos.
De ahí en adelante, Conan Doyle siguió escribiendo y enviando sus relatos a distintas publicaciones, pero sin suerte. Su relación con Elmore se enfrió. Innes empezó a ir a la escuela nocturna y él consiguió un ama de llaves.
Destaca el biógrafo Hesketh Pearson en su libro Conan Doyle, que Arthur llegó a la conclusión de que no era bueno esperar a los pacientes y decidió salir a buscarlos. Para ello comenzó a tomar parte en las actividades sociales del lugar uniéndose a clubes de fútbol y de bolos, y a un club literario.
En una ocasión, Arthur fue a ver a Jack, un joven con síntomas de meningitis cerebroespinal, que no tenía cura. Su madre, Emile Hawkins, era una viuda de Gloucestershire, asentada en Southsea, que vivía con su hija Louise, una muchacha amable y educada, que no hacía más que llorar.
Jack vivió unos pocos días. De toda esta tragedia quedó la amistad de Arthur con la familia Hawkins. Poco tiempo después, él y la señorita Louise "Touie", se comprometieron y se casaron el 6 de agosto de 1885. Emile fue a vivir con los recién casados.
La clientela de Arthur no le proporcionaba grandes ingresos, pero Touie tenía una renta anual de 100 libras, que equilibró la economía de la pareja. La vida de casado fue muy agradable para Arthur y estimuló su inspiración. Según la historiadora Donna Leigh, en su libro The Soul, en 1887 un paciente de Conan Doyle, el general Drayson, distinguido astrónomo y matemático, le habló del espiritismo y de las conversaciones que había tenido con su difunto hermano. Desde ese momento, Arthur comenzó a leer libros síquicos y a participar en algunas sesiones de espiritismo.

Para Conan Doyle no fue fácil establecerse como escritor; sus trabajos eran rechazados o devueltos por las publicaciones y editoriales, a veces sin haber sido leídos.
Ese año de 1885, Conan Doyle publicó su primer trabajo destacado: Estudio en escarlata, donde creó al más famoso detective de ficción universal: Sherlock Holmes, un personaje con una gran inteligencia, frío y desdeñoso con los que no estaban a su altura intelectual, brillante en sus deducciones, culto, observador, con conocimientos de sicología, química, grafología, música y arte, y con capacidad para disfrazarse. Igualmente fue excepcional el personaje que lo acompañaba: su bondadoso y torpe amigo, el doctor Watson, a quien el investigador se dirigía con su frase: "Elemental, mi querido Watson".
El éxito no fue inmediato y solo dos años después, la Strand Magazine comenzó a publicar otras aventuras de Sherlock Holmes. Los mejores relatos de Holmes son El signo de los cuatro (1890), Las aventuras de Sherlock Holmes (1892) y El sabueso de los Baskerville (1902). Conan Doyle se haría famoso mundialmente y popularizaría el género de la novela policíaca.

Touie le dio una hija que nació el 28 de enero de 1889 y la llamaron Mary en honor a la abuela paterna. En 1891, Conan Doyle se mudó a Londres con su familia para trabajar como oftalmólogo. En su autobiografía aclararía que ningún paciente entró a su clínica. Por eso tuvo más tiempo para escribir. En noviembre le escribió a su madre diciéndole que quería "matar a Sherlock Holmes, ya que está agotando mi mente". Su madre le respondió: "La gente no lo va a tomar de buena manera".
Entonces él decidió dedicarle tiempo a sus novelas históricas. En noviembre de 1892, Touie dio a luz a su hijo Arthur Alleyne Kingsley.
En 1893 murió su padre. Luego Touie enfermó de tuberculosis y comenzaría su largo peregrinaje por los sanatorios suizos en busca de cura. Cuatro años después, Conan Doyle conoció a lady Jean Leckie, quien acababa de cumplir 24 años. Su madre y sus hermanas eran amigas de los Leckie, que procedían de una antiquísima familia escocesa católica. Jean poseía una extraordinaria belleza: cabellos de un color oro viejo, ojos verde aceituna, figura esbelta, piel blanca y sonrisa perfecta, y cantaba como los ángeles. Doyle y Jean se enamoraron desde el primer instante. Pero él estaba casado con una mujer por la que sentía profundo afecto y respeto, y además, estaba enferma. Nunca le haría daño a Touie. Conan Doyle se lo contó a su madre, quien sintió simpatía por Jean. La pareja tuvo relaciones secretas durante 10 años.
Ese año, Touie y Doyle se mudaron con los niños a una casa de campo de dos pisos, que nombraron Undershaw, de ladrillo y con el techo de tejas rojas. Tenían cochero y servidumbre. El había abandonado la medicina para dedicarse a su verdadera vocación, y fue en esa casa que decidió resucitar a Sherlock Holmes. El dijo: que en Norteamérica, lo primero que me preguntaron fue por Sherlock. En Egipto, el gobierno de Jedive había traducido sus hazañas al árabe y las había publicado como un libro de texto para la policía. Conan Doyle escribió una obra teatral, pero Sherlock Holmes llegaría más lejos, hasta el cine aun de nuestros días.
En 1900, escribió su libro más largo: La guerra de los bóers, en la que participó como médico y supervisor en una unidad hospitalaria británica. Luego escribiría el artículo La guerra en el sur de Africa: causas y desarrollo, justificando la participación de Gran Bretaña. Eso dio lugar a que lo nombraran Caballero del Imperio británico en 1902, dándole el tratamiento de Sir.
Además de las novelas policíacas y las históricas, Conan Doyle escribió sobre ciencia-ficción, con el personaje del profesor George Edward Challenger, quien apareció en The Lost World (El mundo perdido), donde criaturas prehistóricas, incluyendo a dinosaurios, continúan viviendo.
En julio de 1906, su esposa entró en coma y murió el día 4. Un año después, el 18 de septiembre de 1907, se casó con Jean Leckie en una pequeña ceremonia celebrada en St. Margaret's Church.
Según el biógrafo John Dickson Carr, autor del libro The Life of sir Arthur Conan Doyle, este matrimonio lo transformó en un hombre nuevo. La pareja se llevaba bien. Juntos compartían la jardinería, el golf y el interés por el espiritismo. Jean era médium y caía en trances a menudo.
En enero de 1909, Conan Doyle sufrió una obstrucción intestinal repentina. Un equipo de médicos decidió someterlo a una cirugía y se recuperó rápidamente.
Ese año nació su hijo Denis Percy Stewardt; en 1910, tuvieron a su hijo Adrian Malcom, y en 1912, a su hija Lena Jean.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, su hijo Kingsley entró en el ejército.
El 21 de octubre de 1916, apareció en la revista síquica Light un artículo en el que Conan Doyle anunciaba su creencia en la comunicación con los muertos.
A finales de octubre de 1918, cuando la derrota de los alemanes era casi un hecho, la influenza arrasaba con millones de vidas en el mundo entero. Kingsley fue víctima del mal y murió el día 28, causándole el dolor más grande de la vida a su padre.
Después de muchas pruebas, el mayor deseo de Arthur era comunicarse con Kingsley. El 17 de septiembre de 1919 en Portsmouth esto se hizo realidad a través de Evan Powell, quien era médium.
Destaca el biógrafo Daniel Stashower, en su libro Teller of Tales, The Life of Arthur Conan Doyle, que cuando las luces se apagaron, Powel tuvo una notable manifestación que Conan Doyle describió en una carta a Oliver Lodge:
"Tuvimos un fenómeno fuerte desde el principio. El médium murmuraba, gemía y hablaba. De repente escuchamos una voz:
'Jean, soy yo'.
Mi esposa gritó: ¡Es Kingsley!.
Le dije: ¿Eres tú, muchacho?'.
El dijo, en un susurro muy intenso y con un tono muy suyo: ¡Padre!', y entonces, después de una pausa: ¡Perdóname!'.
Yo dije: Nunca hubo nada que perdonarte. Tú fuiste el mejor hijo que un hombre pudiera tener'. Una mano fuerte descendió sobre mi cabeza y sentí un beso encima de mi frente.
¿Eres feliz?', lloré.
Hubo una pausa y entonces muy suavemente, la voz dijo: "Soy muy feliz' ".
Conan Doyle predicó sus experiencias espiritistas dondequiera que pudo.
El tenía la costumbre en Windlesham de cortar la primera campanilla blanca que se abriera en la primavera en su jardín para Jean. En 1930 lo hizo, pero ya estaba muy enfermo y muchas veces era necesario suministrarle oxígeno.
Uno de los últimos gestos de su vida fue luchar para que le permitiesen ir a Londres, para entrevistarse con el Secretario del Interior por la ley que perseguía a los espiritistas, pero no pudo ponerse de pie. Sir Arthur Conan Doyle murió de un ataque al corazón el 7 de julio de 1930, rodeado de sus hijos y con la mano de su esposa Jean entre las suyas. La noticia conmocionó al mundo.
Elemental, Mi querido Watson: Sir Arthur Conan Doyle, espiritísta.
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