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La más utópica de las utopías

Literatura, el por Rose Hiar

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He comenzado a sospechar que el silencio es tu cómplice como cómplice es el viento de la lluvia.
<< ¿Te llevo? ¡Vamos! ¿Dónde quieres que te deje caer? >> Le pregunta el viento, luego cae la lluvia con aspecto inocente camuflando la misión kamikaze de cada gota caída.
<< ¿Mente en blanco? ¿Sin nada para pensar? Tranquilo, te daré algo de entretenimiento >> me dice el silencio cuando me siento a contemplar el vacío.

Justo cuando me dispongo a no pensar comienzo a pensar más todavía, a fantasear como fantasea un ave enjaulada con la sensación de libertad.
Y es así como el silencio prostituto se alquila para servirle de telonero a tu holografía que hace acto de presencia sobre la tarima de mi mente, entonces comienza la obra, tú y yo, conversando elocuentemente, riendo, sonriéndome, besándonos, haciendo el amor, contemplando paisajes, durmiendo, despertando, peleando para reconciliarnos, haciendo planes, discutiendo si tener niño o niña, ¿uno o dos? quizá tres, dándonos calor aún cuando sudamos del calor, traspasando las fronteras de nuestra carne, abrazándonos muy fuertemente cuando tengamos rabia hacia el otro para que cuando desaparezca, sigamos juntos como dos cubos de hielo que se hacen uno; y así sigue la obra interminablemente, construyendo sobre los cimientos del capricho adolescentoso conocido como enamoramiento esa morada ilusoria en la que resguardo la más utópica de las utopías.

He comenzado a sospechar que el silencio es tu cómplice, pues me incita a pensarte, pero no sólo él, también lo es el ruido, el aire, la lluvia, los días y las noches, los colores, el calor y el frio, los niños en el parque, las palomas de la plaza incluyendo a las viejecillas que las alimentan, las fiestas y los velorios, la poesía y hasta los insultos en la calle por caminar distraído, las verdades y las mentiras, los verbos y los pronombres, el pasado y el futuro, las fotografías no reveladas y las partituras jamás tocadas.
Todo, todo a mi alrededor termina dibujando, pintando, tatuando y esculpiendo tu nombre y tu cuerpo en cada precoz pensamiento de mi mente, ningún pensamiento es inconexo a los mil pasados o a los mil siguientes, todos te tienen a ti desde su génesis hasta su sepulcro.

Y pensar que sólo te vi una vez y fue hace años, antes de tener a mis hijos, antes de graduarme, casarme, divorciarme y casarme de nuevo. Fue hace tanto tiempo, en aquella primera visita que hicimos los estudiantes de medicina al hospital.
En mi cerebro, en mi corazón y en mi mano vive todavía aquella sensación de cuando te acaricié la frente durante tus últimos momentos. Tan perfecta y arrancada de mi destino por un accidente que terminó con tu vida. MIENTRAS TANTO YO SIGO AQUÍ, VIVIENDO Y REVIVIENDO AQUEL DÍA EN CADA DÍA QUE VIVO.

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