Sueño felino
Literatura, el 12/12/2011 por Alfrodín Turra
Arica, “ciudad de la eterna primavera”, vacaciones inolvidables, desde todo punto de vista. Pero les advierto, cuidado con sus paseos a la Caleta, no les vaya a suceder lo mismo que me pasó...

Como casi todos los domingos, temprano en la mañana, me dirigí hacia la caleta de pescadores; en una rutina habitual. Pasar a la feria “Limpromar”, donde abundan las delicias del mar; al puesto del gordo Rubén, a comprar unas tres docenas de choro maltón – exquisitos al vapor- y unos filetes de cojinova listos para cocinarlos “a la plancha”.
Luego, seguí derecho donde la señora Bertita, la que vende las sabrosas empanadas de mariscos – ¡¡déme una!! le grito (es medio sordita)- y camino lentamente, balanceando mi bolsa, dando inicio a mi pequeño paseo por la caleta. Voy comiendo mi empanada, con una sensación de placer intenso, el jugo corre por mi mano chorreando hasta el codo. Claro que esta vez, se le anduvo pasando la mano con la cebolla.
Me siento en una banca a descansar y a mirar el mar. ¡Me encanta ver el mar!, mientras los botes se mecen suavemente al ritmo adormecedor de las ondas marinas, y se escucha a los pescadores ofreciendo su mercadería, mezclado con el sonido inconfundible y chillón de las gaviotas.
En esta sinfonía de sonidos, y ya con mis ojos entrecerrados, siento que algo se refriega suavemente por mis pantorrillas. Un cosquilleo, algo peludo, me asusto, e instintivamente sacudo mi pierna derecha. Ahí está el culpable, ¡un gato!; gordito, obeso diría en realidad, de pelaje opaco; una oreja chueca y un ojo a medio cerrar. Una caricatura extraña.
¡Que pasó!, me dijo; sentí que se me erizaba el cabello. Tranquilo, no te preocupes - prosiguió -, tú me caes bien, tienes cara de buena persona. Además, te veo seguido por estos sectores, y es bueno que conozcas al “Rey” de este lugar. Podrás enterarte de cosas increíbles, de mil historias, ¡mis historias!.
No sé, si sería la empanada la que me cayó mal o la trasnochada sabatina. ¿Me habré quedado dormido?, la verdad, es que el felino seguía hablando sin importarle, lo que yo dijera o pensara.
Me presento, soy el gato Renato, ariqueño de tomo y lomo, me gusta vivir en la caleta de pescadores, soy el dueño de estos sectores, nadie me gana en la pelea. Me encanta dormir a pata suelta, guatita al sol, sobre el tejado del restaurante de doña Clotilde, y así paso tardes enteras. Los pescadores me conocen, ¡soy muy conocido!.
¿Conocido?, ¿de donde?, ¡este gato está loco!. No lo había visto nunca, ni en pelea de perros. ¡Menos un gato parlanchín!. ¿En que estoy pensando?, si los gatos no hablan. Me pellizco para saber si estoy despierto. Mientras el felino continúa con su perorata.

Soy de gran alcurnia, para que tu sepas, mis antepasados provenían de Egipto, cuna de los grandes gatos, donde éramos adorados como Dioses. Incluso teníamos a nuestra propia Diosa, Bastet. El gran historiador griego, Heródoto, escribió que éramos considerados parte de la familia, y cuando estirábamos la pata, nuestros amos en señal de duelo se depilaban las cejas, ¡que te parece!.
Ahora, le vinieron aires de “divo”, a este gato piojento.
Acá estoy, como gato nortino, viviendo en Arica. Sé todo lo que pasa en la caleta, no se me escapa ningún detalle, puedo contarte mil historias, ¿te lo dije?.
Pero antes, no sería posible…., tal vez…., un pedacito de ese rico filete de pescado que llevas ahí. ¡Para aclarar la garganta, digo yo!.
Este gato me tenía sorprendido y convencido, yo estaba como hipnotizado. Así que en forma automática metí la mano en la bolsa y le convidé un pedazo de filete. No quería que el sueño se desvaneciera, por el contrario me siguiera envolviendo en un cuento mágico. Cierro mis ojos, para escuchar el relato de este singular personaje. La voz áspera, nuevamente comienza a sonar.
La más recordada, fue cuando al líder de un grupo de lobos marinos, más conocido como Juanito Miguel, se le enredó un cable, una soga plástica en el cuello, estaba muy preocupado ya que sentía gran dolor y nadie lo socorría.
Este gato torreja, no sé, que pretende.
Juanito Miguel, salía todos los días a tomar el sol en la caleta de los pescadores artesanales, se echaba relajado sin que nadie lo molestara; abría su hocico para que le arrojaran restos de algún pescado. Una vez que su panza estaba llena, dormía a aleta suelta, siendo observado por una serie de curiosos, habituales compradores domingueros de productos del mar.
Otros visitantes, venían según ellos a componer el cuerpo, después de una agitada actividad nocturna o alguna opípara comilona. También hay chacoteo.
Me enojé. Le digo: trata de mantener la línea de la historia, ¡por favor!
¡Ya me fui nuevamente para otro lado con el cuento!, lo siento, déjame pensar, como te iba diciendo: Juanito Miguel no tenía ninguna posibilidad de poder sobrevivir, ya que la cuerda se iba apretando cada vez más y empezó por cortarle la piel. La gente al verlo, se empezó a preocupar, nadie sabía que hacer; ¿como sacarle la cuerda?, bastaba un rugido de él para que todos arrancaran.
Un peruano de Tacna, andaba con un cuchillo curvo, el cual amarramos a un palo, enganchó la cuerda. Juanito Miguel se dio cuenta, dio un tirón y arrancó; pero el gancho cortó la cuerda y liberó el elemento asfixiante del cuello.
Ese día, el clima estaba algo nublado, pero hacía calor, y …...
Déjate de descripciones, que no vienen al caso, y concéntrate en lo principal. Le manifiesto.
¡Si hasta la televisión vino!, los de la Ley de la Selva, pero fue en vano, Juanito Miguel se había ido. El artista principal no estaba, ¡Fue noticia nacional!.
¿Será cierto?, algo escuché por ahí, sobre ese acontecimiento.
Juanito Miguel no apareció en un mes. Todos lo buscaban, ¿habría muerto? no podía ser!!. No era lo mismo la caleta sin él. …… Me puse triste, y cuando me pongo triste, me da hambre…
Ya gato comilón, toma un pedazo y continúa.
La noticia llegó como un rayo, ¡estaba en Iquique!, el perla había nadado todos esos cientos de kilómetros, se estaba divirtiendo de lo lindo.
Lo fueron a buscar, lo atraparon y trajeron de vuelta. Apareció la televisión, la prensa escrita, se hizo famoso a nivel nacional, incluso en otros países
Me parecía recordar, haber leído sobre aquello - ¿o fue en televisión? -. Lo cierto, es que el gato pulguiento no me estaba mintiendo. Así que lo dejé proseguir.
Y ahí está, feliz y contento, viviendo su vida de siempre, jugando y saludando a los turistas y a los compradores de pescados. Eso es el resultado, cuando existe una buena cooperación y comprensión de todos los que vivimos en este mundo. Como los humanos y los animales podemos compartir felizmente, sin agredirnos ni dañarnos.
Ahora me viene con moralejas. Gato pillo, algo quiere. En todo caso, tiene razón. Hay que proteger el medio ambiente.
Por fin, voy a poder dormir más tranquilo. Con esa angustia incluso bajé de peso; voy a tener que decirle a doña Clotilde que me dé unos filetes más grandes.
Pasa cada cosa en esta Caleta, que me muero de ganas por contarte otra historia, pero será después de una buena siesta y …..de otro rico pescado que me invitarás.
Despierto sobresaltado, el felino enrollaba su cuerpo en mi cuello y unas filudas garras me acariciaban la oreja, en actitud peligrosa. Estaba sobre mí, sus ojos brillaban maliciosamente, mirándome fijo; al mismo tiempo que metía sus garras en mi bolsa de compras. ¿Estaba despierto?, ¿estaba soñando?
Me levanté apresurado, y prácticamente arranqué corriendo, con mi bolsa casi vacía. Mientras Renato, ¡¿que estoy diciendo?!, el gato, me perseguía gritando o maullando?: tengo que contarte algo mejor……, dame pescado por favor…..
Te cuentooo!!!. Había una vez……
ATC.
Cuento seleccionado del libro “El Conjuro de Azapa”
AUTOR: Alfrodín Segundo Turra Corrales.
Derecho de Autor: Nº 187.604/Enero 2010
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