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OVNIS y la Teoría del Complot: El siglo XXI será extraterrestre o no será

Misterios, el 13/04/2011 por El Triangular Magazine

 


Para justificar la modificación a la sentencia de André Malraux no tenemos mas que ver el suceso de la novela de Dan Brown "Du Vinci Code" o el de la serie televisiva "X-Files", la audencia obtenida por las alegaciones contra el ataque terrorista del 11 de septiembre 2001 y también contra los primeros pasos del hombre sobre la luna. Todo incita a pensar y a interrogarse sobre las teorías del complot en el imaginario político. Es más, si hay un tema que siempre ha alimentado esta tendencia es aquel que trata sobre la existencia o no existencia de los OVNIS.

La especulación sobre la existencia de los extraterrestres se remonta a la más remota  antiguedad. Sin embargo, será Herbert Georges Wells con su obra "Guerra de los mundos" en 1898 para imaginar la primera invasión extraterrestre. 
Fue solamente en el año 1947 que aparece en escena el debate sobre la posibilidad de tales visitas, y para ser preciso, el miércoles 25 de junio en el Pacífico Noroeste. Ese día la prensa publica una obervación efectuada cerca del monte Rainier. El dia anterior, un piloto de avión de una compañía privada, Kenneth Arnold, dice haber visto nueve aparatos de una forma extraña, redondeados en la punta y triangulares en su extremidad. Kenneth confiesa su observación a sus colegas y a algunos periodistas del East-Oregonian en Pendleton (Oregon). De esta manera nacen las expresiones Fying disk y Flying saucer, respectivamente : Disco volante y Platillo volante o volador. Durante las semanas que siguieron esta novedosa observación se contaron por centenas los relatos de esta misma índole y publicadas por la prensa. Es la primera gran ola de apariciones de lo que más tarde se llamara los UFOS o OVNIS (Unidentified flying object, objeto volador no identificado).

A partir de esta época germina la idea según la cual la verdad sobre la existencia de estos objetos voladores fuese escondida al gran público. Por cierto, el discurso dominante atribuía esos fenómenos a la "creencia popular",  pero algunos comienzan a evocar correlaciones entre estos fenómenos y potenciales secretos bien guardados. En septiembre 1947 la Oficina Federal de Investigación (FBI) recibe un curioso correo de un ciudadano norte-americano llamando la atención de J. Edgar Hoover en la cual exije saber si su institución está participando al camuflaje de estos misteriosos aparatos voladores.
Algunas revistas y magazines de ciencia-ficción como el Amazing Stories, publican y expanden los primeros rumores, narrados por los lectores, de platillos voladores caidos en la Tierra y escondidos por el ejército. Empero, estas historias no interesan mas que un pequeño núcleo de lectores, nada más. Habra que esperar hasta 1950 con la publicación de Behind the Flying Saucers ( El misterio de los platillos voladores), un best-seller de la mano del cronista del Variety Frank Scully para que esta tesis gane mayor audiencia. Fue en esta misma época que aparecen las primeras investigaciones y encuestas de algunos aficionados y defensores, muy a menudo llamados Ufologistas, que se organizan en grupos y publican sus resultados en forma de boletines. 
Desde ya, dos tendencias se destacan : por un lado aquellos que insisten en la necesidad de recojer testimonios a ese sujeto para establecer la prueba de la existencia de los objetos no identificados, y por el otro, aquellos que sospechan de la Air Force, aviación norte-americana de poseer la prueba de su existencia, o por lo menos, de tener serios indicios. 
La Aerial Phenomena Reserch Organization (APRO) fundada en 1952 representa la primera tendencia. El National Investigations Comittée on Aerial Phenomena (NICAP) creada cuatro años más tarde sostiene la segunda opción constituyéndose en Lobby para exigir las revelaciones de las informaciones detenidas por la aviación. Ex-soldado del cuerpo de Mariners, autor a sucesos sobre los ovnis y presidente del Nicap desde 1957, el mayor Donald Keyhoe reune en el seno de su comité personalidades del sector mediático, militar y político, como el general Roscoe Hillenkoetter, primer director de la Central de Inteligencia Americana (CIA) en 1947. Sin embargo, mientras acusa el ejército de detener las pruebas, Keyhoe, rechaza las revelaciones de Scully sobre las coaliciones de los ovnis con la tierra, la encuesta de un periodista californiano le da razón estableciendo que los informadores eran unos estafadores conodos por el FBI.
Junto al Nicap, al APRO y a otras asociaciones aparecidas por el mundo, que comunmente se denomina por Ufoloíia, se desarrolla una constelación de pequeños grupos Underground que producen todo un folclore en torno de los platillos voladores: rumores de posibles bases en la Antártica, hombres misteriosos vestidos de negro, los famosos Men in Black, accidentes de ovnis, de contactos secretos entre el presidente Dwight Eisenhower y los extraterrestres, etc. 
Desde una posición mucho más marginalizada, los supuestos "contactados", por los tripulantes de estos objetos venidos del más allá, declaman en la conferencias los mensajes de paz o de amenazas que estos les hubieran confiado.  Este grupo es considerado por los historiadores del Esoterismo como los fundadores de la corriente del New Age con discursos ecológicos antes de la letra. El más celebre de entre ellos, George Adamski, fue recibido por la reina de los Países Bajosen 1959.

Durante los años 1960, la controversia pública sobre los UFO evoluciona de manera considerable. Al interior mismo de la nueva generación de científicos, de buscadores la cuestión sobre el sujeto comienza a despertar interés., algunos van hasta compartir las opiniones de los ufologos. Este movimiento coincide con la puesta en causa de los responsables del programa de estudio de los ovnis de la aviación. En efecto, esta última ha mandatado su consultante científico el astrónomo Josef Allen Hynek, de inventar una explicación para calmar la opinión publica, por el intermedio de una serie de relatos de observaciones efectuadas en Michigan en marzo de 1966: testigos afirman haber visto una escuadrilla de platillos voladores aterrizar en una zona pantanosa. Hynek tiene la mala idea de invocar la expresión gazes alocados o Swamp Gaz, en ingles (gaz de zona pantanosa) para explicar estas visiones. La prensa se desencadena  contra él,  haciendo reaccionar hasta el mismo Gerald Ford representante del estado de Michigan.
 
Poco a poco la controversia cientifica alcanza las sospechas de informaciones escondidas por el ejército. El Pentágono se deshace de su programa para el estudio de los ovnis, el Project Blue Book, y confia el analisis de este incendiario tema a una comisión científica de la universidad del Colorado. A la cabeza de esta comisión se instala a un físico prestigioso y reputado, Edward Condon, conocido por su independencia, y que sufrió la ira del senador Josef Mcarthy durante la epoca de la caza de brujas por sus ideas progresistas.  Inicialmente abierto a todas las hipótesis, Condon presenta en 1968 conclusiones negativas: este no afirma que los ovnis no existen (las conclusiones poseen una serie de relatos implicando su propio equipo), sin embargo, considera que este sujeto no presenta ningun interés cientifico. La sociedad, explica, no tiene ninguna razón de financiar tales busquedas. Esta sentencia ha generado las raíces de la separación entre "Cultura Ufológica" y "Cultura Científica" alejando esta última de la cultura común. Ciertos ufologos tratan de comprender las razones por las cuales los cientificos no se deciden a estudiar el sujeto, sospechándolos de participar a la "Conspiración del Silencio".


Pruebas disimuladas, Ovnis escondidos, Bases secretas, y Cartas anónimas...

A la misma época aparecen una serie de autores que elaboran otras hipótesis: por su naturaleza misma el fenomeno escapa a los administradores de la prueba. El astrónomo e informático, Jacques Vallée, en su obra Passeport to Magonia (1969) reune las narraciones de contactos con pilotos de los platillos voladores del folclore fantástico sobre los "hombres-pequeños" (los duendes, los trasgos  y los gobelinos) e imagina que el fenómeno crea el mismo su propio sistema de camuflaje que funciona como un sistema de contros de la especie humana. (1)
Por su lado el escritor John Keel  piensa que los ovnis, a menudo aparacidos bajo la forma de fenomenos luminosos, son no aparatos pero la forma con la cual tierra considerada como un ser vviente, manifesta su presencia. (2) En esta teoria la prueba no hace defecto por que los servicios secretos la disimulen, pero porque el fenómeno el mismo se sustrae a la administración de esta prueba.
Si la hipótesis de un complot coge formas diferentes, empero su influencia parece limitada. Tuvo que esperar hasta  los años 70 con la flexibilidad del aceso a los documentos administrativos en los Estados Unidos, después del escándalo del Watergate para que la tesis de una "conspiración del silencio" tome envergadura. Submegidos por los pedidos de informacion el FBI, la CIA y hasta la National Security Agency (NASA) hacen público algunos documentos, demostrando por la misma ocasión haber mentido afirmando que no habían investigado sobre el sujeto.
 
La tesis del secreto se difunde en el público notoriamente con el film de Steven Spielberg Encuentro del tercer tipo, en 1977 el primero en haberlo traducido en la pantalla y haber vulgarizado la cultura underground de los ufologos.
¿Qué cuenta esta película ? La historia de un programa secreto que pretende entrar en contacto con los extraterrestres. Un escenario en el cual las autoridades públicas no dudan en desinformar a la opinion pública mientras que por todos lados hay en el planeta testigos que son manipulados por estos seres venidos del más allá. 
Tres años mas tarde aparece el primer libro sobre el caso de Roswell (un nombre hasta este entonces desconocido) en las librerías. Fue un suceso general. Este relata una pretendida colisión de un platillo volador en Roswell (Nuevo México), en julio de  1947, los militares habrían conservado los restos del la nave así como los cadáveres de los extraterrestres. Por lo tanto, esta historia hace que los numerosos relatos (difundidos por el ufologo Leonard Stringfield) de naves recuperadas por el ejército norteamericano vayan suscitando un interés mayor y creciente, pero el nombre de Roswell no se impone en la memoria colectiva hasta mediados de los años 1990, consiguiente a una seria de aconteceres.
 
 
El primero sobreviene en 1987: un consejo de ufólogos reunidos en Washington revela la existencia de documentos ultrasecretos emanados de una oficina, el MJ-12, puesta en plaza en 1947 por el presidente Harry S. Truman para gestionar el caso Roswell. La polémica se desata sobre la autenticidad de ese documento recibido en correo anónimo. Otros "platillistas" terminan por obtener la prueba que dichos documentos son falsos. Pero uno de los objetivos del falsificante, dar a conocer el caso Roswell por el intermedio de la difusion de estos documentos, se denota alcanzado. 

Desde ese entonces un grupo de ufólogos comienzan un trabajo de Lobbying cerca de ciertos miembros del Congreso que termina por obtener sus frutos. La Corte de cuentas norte-americana (General Accountilg Office, devenida en 2004 Gouvernement Accountabillity Office (GAO) lanza una encuesta sobre la gestión del caso Roswell  realizada por la Usa Air Force. Y, en 1994, la aviación publica un informe contundente explicando el caso por un vasto programa secreto de balones espías esperando poner fin a esta controversia. Al mismo tiempo la serie televisual X-Files desarrola la temática del complot sobre los ovnis , y un video poniendo en escena la autopsia de una extraterrestre se difunde en gran escala.
 
 
Considerado como una falsificación, una impostura por los ufólogos el caso del MJ-12 recobra una nueva vida, un tanto fuera de control, mezclándose con casos muchos más antiguos y variados. Al comienzo de los años 1970, un productor de series televisivas se vio ofrecer la posibilidad de utilizar unos pretendidos documentos secretos mostrando un contacto entre el ejército y los extraterrestres en la base de Holloman (Nuevo México). Esta leyenda junto a una serie de casos estrechamente ligados a los supectos movimientos de un agente de la Oficina de investigaciones especiales del ejército del aire norteamericanos ( Air Force Office of Special Investigations, Afosi) de la base de Lirkland engendran un rico y variado folclore implicando bases extraterrestres subterráneas, contactos pasados entre el ejército norteamericano y criaturas del espacio, secuestros humanos para efectuar manipulaciones genéticas y creación de hibridos,  clones, etc.
 

En 1990, algunas personas, desconocidos en los medios ufológicos comienzan a difundir revelaciones sobre una supuesta red Internacional. En su mayoria estrechamente ligados a la extrema derecha norteamericana, muchas veces militares en retiro, pretenden difundir informaciones sobre una especie de Wattergate cosmico. Alrededor de estas tesis comienza a florecer una serie de publicaciones y una literatura cada vez mas delirante sobre la existencia de un gran complot. John Lear, ex-piloto de la CIA e hijo de constructor de aviones, y Milton William Cooper, un ex-mariner miembro de las milicias de extrema derecha se muestran particularmente activos en esta re-traducción de los mitos ufológicos. Junto a Robert Lazar, que pretende haber trabajado como ingeniero y fisico en un estudio de platillos voladores en la secreta "Zona 51" (Nevada) y desarrollan un relato complotista del cual los autores de X-Files haran su pan de cada dia.
 
El fenomenal éxito de la serie ofrecerá a sus teorías el estatus de mitología  popular. Sin embargo, a la excepción del escritor de ciencia-ficción Jimmy Guieu, autor en Francia de una serie de "novelas-verdades" sobre el tema, la gran mayoría de los ufólogos no se reconocen en esta vasta literatura y denuncian abiertamente estas "revelaciones".
Sería tentador de ignorar todos estos matices y de descartar sin distinción a todos los ufologos considerandolos como un grupo de aficionados de la teoría del complot antes de evocar un aumento de la irracionalidad. Esto con el propósito de distinguir lo que emanaría de una verdadera cultura cientifica de lo que no sería más que una pálida representación popular, un tanto asi como antiguamente la separación entre la religión y la superstición. 
Que se trate de cultura política o de verdadera cultura científica, los ufólogos se encuentran fuera de jugada. Pero quien intente examinar los fundamentos de la cultura científica descubre que esta reposa sobre la teoria de un "complot originario”: la ciencia, para emerger y asentarse tuvo que enfrentar las fuerzas oscurantistas de la Iglesia todo poderosa, en un combate sin tregua, Galileo Galilei contra la Inquisicion. 
La vulgarización científica nos ha acostumbrado a esta idea de que el conocimiento objetivo siempre pena a emerger, y que los intereses más variados son sus peores enemigos. Los discursos sobre los complots platillistas se refieren particularmente a este sorprendente rasgo popular, de las ciencias : al poder jamas le ha gustado que el pueblo se mantenga informado y prefiere mantenerlo en la ignorancia provocando la divulgación de rumores. Nuestra representacion de la historia de las ciencias esta intimimamente ligada a esta idea de un "complot obscurantista contra la Razon", asi nombrado por el filosofo austriaco Karl Popperen en su libro Conjeturas y Refutaciones (1953).


Científicos y no-científicos comparten la misma concepción de un saber combatido por el poder.

El público que "cree" en el complot sobre los ovnis no lo hace por ignorancia u omisión de cultura científica, bien por el contrario, lo hace por haber asimilado de manera óptima el discurso sobre el combate entre ciencia contra la Inquisición. Como lo sugieren las ventas récords del libro del Premio Nobel de fisica, Georges Charpak “Devenir brujo, devenir sabio” (Odile Jacob, Paris 2003), el sabio y el no-sabio comparten la misma concepción de un conocimiento combatido por el poder.
"El renuevo de las prácticas mágicas, ocultas o para-normales ha sido particularmente rápido e inesperado, dice Charpak. Tan rápido que estamos en derecho de preguntarnos : ¿cuáles son las razones que han provocado esta necesidad y que han favorisado, talvez inconcientemente, su extension?. Charpak cita al genetico Albert Jacquard quien asegura que "transformar a los ciudadanos en ovejas sometidas y obedientes es el sueño de casi la gran mayoria de los poderes. Para lograrlo todos los medios son buenos : intoxicarlos con paraciencias es la manera más eficaz".
 
Si deseamos separar la cultura racionalista de la "cultura para-normal", la popularidad del libro de Charpak seria incomprenhensible.. En realidad, para muchos lectores, no hay ninguna diferencia entre la idea de una guerra por parte de la Iglesia contra el conocimiento cientifico a la epoca de Galileo y aquella de una conspiracion moderna contra la veracidad de los ovnis. La ciencia aparace como toda poderosa, y es percibida con la misma desconfianza de antaño cuando esta sometia los hombres de conocimiento a la Inquisición.
El historiador Stillman Drake, especialista reconocido de Galileo se pregunta si este último "lejos de declararse el campeon de la verdad científica contra el obscurantismo religioso, tento proteger la fe (3)" Y si, ¿en vez de hacer intervenir una conspiración de la Iglesia, un Galileo opuesto a la Iglesia, sería mejor representarse la historia de este fisico como aquella de un hombre buscando a proteger la Iglesia contra las críticas científicas? 
Deferencia aparte, la historia de las teorías del complot sobre los ovnis ¿no sería suceptible de ser interpretada de la misma manera? En lugar de preguntarse sobre la creencia del complot, ¿no seria mejor preguntarse si el público, para quien las teorías del complot son tan próximas de aquellas imaginadas por los racionalistas, no mafiesta, a través de un efecto de vasos comunicantes, la misma adhesión a la vision racionalista, "heroica" de la ciencia...?

Notas

(1) Jacques Vallée, El colegio invisble, Albain Michel, Paris 1975.
(2) John Keel, La profecia de la sombra, Presses du Chatelet, Paris 2002.
(3) Galileo, Actes Sud, Arles, 1986.
 
 

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