Historia de una tragedia ecologica anunciada: Atitlán
Planeta, el 22/08/2011 por El Triangular Magazine
El Subdesarrollo es una realidad llena de razones y motivos, de consecuencias muchas veces fáciles de entender cuando se produce algún problema o una crisis. No se trata solamente de un problema económico, sino de una serie de circunstancias y motivos, entre los cuales sobresalen el descuido, la irresponsabilidad, el desconocimiento y también la falta de lógica. Estos elementos se presentan en personas de cualquier nivel socioeconómico y educativo, sin importar tampoco el sexo o la etnia. Esas consideraciones son válidas antes de hablar de una nueva tragedia ecológica nacional, la del alga derivada de la cianobacteria entronizada ahora en las aguas del Lago de Atitlán, a punto de convertirse, si no lo es ya, en un nuevo Amatitlán.

En este momento, hay una reacción ante la posibilidad de una agonía fatal de uno de los lagos más bellos del mundo, fuente además de ingresos turísticos de primer orden y, por tanto, del sustento de muchos de los miles de personas residentes en sus márgenes. El Gobierno afirma estar dispuesto a realizar las tareas necesarias para arreglar el problema; el sector privado se encuentra de nuevo realizando acciones para iniciar el combate; los científicos guatemaltecos preparan sus recomendaciones para evitar la muerte del lago; los diputados no tardarán en diseñar una ley para protegerlo. Y así, la lista es larga. Pero si no se logran erradicar las verdaderas causas de la tragedia ecológica mencionada, serán paliativos de poco o ningún efecto real.

Lo ocurrido en Atitlán es una prueba de la interrelación de toda una serie de factores que se combina para provocar un hecho del cual salir es difícil y a veces hasta imposible. La pregunta principal es el porqué de lo ocurrido. Por qué hay alga; por qué no se hizo caso a las llamadas de atención de los científicos; por qué no hay leyes para obligar a no lanzar deshechos humanos a las otrora cristalinas aguas: por qué las municipalidades no se han interesado en evitar esto último; por qué no se ha otorgado información acerca del fenómeno cíclico del alga, hecho asegurado por el ministro de Energía y Minas; por qué se ha detenido la construcción de plantas de tratamiento de aguas, y así podemos continuar con un listado casi interminable.
La Educación Fundamental, pero sobre todo la conciencia de la responsabilidad individual. La falta de esto es la causa del lanzamiento de aguas residuales y de todo tipo de basuras provenientes de los municipios, tanto como de las residencias de recreo y en algunas ocasiones hasta de los hoteles de todo nivel de costo localizados a lo largo de la orilla del lago. Este es un proceso lento, pero sobre todo debe ir acompañado de la decisión de castigar de manera severa a quien no acate las leyes de protección de Atitlán. La construcción de las plantas de tratamiento debe ser realizada, tomando en cuenta la urgencia de reducir al mínimo el tiempo necesario. Todo ello necesita ser debidamente informado a la población, porque se verá afectada.
La labor, en algunos aspectos hercúlea, debe ser realizada por medio de una entidad en la cual haya representantes del Gobierno, las universidades, las municipalidades y el sector privado. Necesita independencia de criterio y de decisión de las acciones a tomar. Es indispensable además analizar las similitudes y diferencias con el caso de Amatitlán o de cualquier otro de los lagos guatemaltecos, así como el compromiso político de alcaldes, gobernadores, diputados, ministros y presidentes, para abstenerse de jugar a la politiquería y pensar en el efecto negativo a mediano y largo plazos de no darle la debida importancia a la agonía del Lago de Atitlán, hecho cuya gravedad obliga a olvidarse por un momento de diferencias ideológicas o políticas.
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