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Los monasterios de Meteora, cerca del cielo y de los centauros

Planeta, el 26/09/2011 por El Triangular Magazine

 
 
 
 
 
Suspendidos sobre farallones de arenisca, levitando sobre los valles de Tesalia, los monasterios ortodoxos de Meteora contemplan desde el siglo XIV el paso del tiempo desde sus alturas celestiales. Una conjunción perfecta entre el hombre y una onírica naturaleza, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en la que late un pedazo esencial de la cultura griega.
Icono del arcángel San Miguel en el monasterio de San Esteban. Monasterio de la Santísima Trinidad.  Interior del monasterio de Vaarlam. 
Hay topónimos que no sólo condensan toda la esencia del lugar, sino que son toda una invitación velada a descubrirlos en primera persona. Meteora, en la provincia de Tesalia, cuyo significado en griego significa “suspendido en el aire”, es uno de esos. La razón no es sólo que en sus llanos se desparraman caprichosos pináculos de arenisca modelados por el tiempo y la erosión. En realidad, el gran tesoro de Meteora son los monasterios que, colgados del cielo o a un paso de éste, coronan las cimas de las gigantescas agujas rocosas. Desde tiempos inmemoriales ascetas y ermitaños vieron en este lugar el escenario perfecto para dedicarse a la oración y al retiro, aunque no fue hasta el siglo XII cuando cristianos ortodoxos crearon la primera comunidad monástica. Se inició así, con la fe como argamasa, la construcción de estos monasterios encaramados al borde del abismo, ‘escaleras’ para acercarse a la Divinidad. Durante el siglo XIV, el momento de máximo esplendor constructivo, llegaron a existir en Meteora 24 monasterios; hoy sólo seis de ellos acogen a un puñado de monjes y monjas entre sus vetustos muros. 
 No hay mejor punto de partida para iniciar la ruta por los monasterios que, partiendo de Kalambaka y Kastraki, las principales ciudades de Meteora, ascender hasta Rousanou, fundado a mediados del siglo XV y dedicado a Santa Bárbara, o San Nicolás Anapafsa. La iglesia de este último, recortándose sobre el gris de la gigantesca roca que tiene a sus espaldas, es una de las estampas míticas de Meteora, como famosos son los frescos del artista Theophanis Strelitzas.
La recoleta iglesia del monasterio de San Esteban, uno de los de más fácil acceso, también está iluminada con vivos frescos que datan de 1545. Aunque para retos, ascender al monasterio de la Santísima Trinidad, cuyo acceso es el más dificultoso, pese a que subir por sus peldaños labrados en la roca tiene como recompensa unas vertiginosas panorámicas. El monasterio más grande y uno de los más espectaculares es Megalo Meteora. Su iglesia de la Transfiguración es de las más hermosas de Grecia, con maravillas como los frescos absidales de la Sagrada Comunión o la imagen de Athanasios, su abad fundador y compilador de las reglas que hasta hoy rigen los destinos de vida monástica de Meteora. 
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Finalmente, a no mucha distancia de éste se encuentra el monasterio de Varlaam. Construido en 1541, es un oasis de silencio en el que se mezclan peregrinos con velas como ofrendas, turistas embelesados con su parekklesion de los Tres Obispos (1637) y monjes de negro hábito y largas barbas camino de sus tareas. Aunque si hay un regalo difícil de olvidar de Varlaam son las vistas que se contemplan desde su balaustrada: un mar de columnas de roca coronadas por monasterios levitando en el vacío de un tiempo y una naturaleza mística, mientras a sus pies se desparraman los valles de Tesalia. 
 
 
Desde Atenas, el mejor modo de llegar a Meteora son el tren y el bus.. Si el ferrocarril es la fórmula elegida, lo mejor es consultar la web de la red de trenes griegos, donde aparecen horarios y precios. Por su parte, varias compañías privadas ofertan conexiones entre la capital helena y Meteora . En ambos casos, el viaje supone una inversión de unas cinco horas. 
 
 
El sol de Tesalia durante los meses estivales puede ser implacable, sobre todo si hay que subir cientos de escalones hasta llegar a los monasterios, por lo que visitar el conjunto en otoño se convierte en la mejor de las opciones. Además, la presencia de turistas es muy inferior, por lo que las visitas se disfrutan con mayor soledad. 
La oferta hotelera se concentra en los principales núcleos de población de Meteora: Kalambaka y Kastrakis, ofrece lujos sin precio como la posibilidad de cenar en su terraza a la luz de las velas y con las formaciones rocosas de Meteora a un palmo de la mano. 

La moussaka, el dolmades o el pollo con arroz, huevo y zumo de limón (avgolemono) son los platos típicos griegos, junto a los que es más que recomendable degustar la célebre ternera de Tesalia acompañada de algunos de los vinos de la región, famosa por su tradición vitícola. Una de las referencias gastronómicas de Meteora es, desde hace casi dos décadas y como dio fe la Reina Sofía cuando comió aquí .El halo mítico de Tesalia trasciende los monasterios de Meteora, por lo que reseguir sus huellas puede convertirse en un modo diferente de conocer algunos de los atractivos naturales de la región. Una forma es hacer una escapada hasta otra elevación montañosa de dimensiones tan míticas como las de Meteora: nada menos que el monte Olimpo, aquí 
la morada de los dioses griegos. También valdría recorrer el exuberante valle de Tempi, por donde pasó Jasón en su búsqueda del Vellocino de Oro. Y, si no, siempre se puede esperar ver un centauro –fieros mitad hombre mitad caballo - surgiendo de la espesura de los bosques de Tesalia, de donde eran originarios 
 

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