Sabor de Ausencia
Poesía, el 14/02/2012 por Emmanuel Milla-Gatica
Veo caer la nieve desde mi ventana,
la blanca médula de los dioses cubrir
la hiel de los techos de callada tristeza.
No me siento triste sabiéndote lejana,
ni me siento amargo arropada entre mis manos.
Quiero fundir el acero de mis labios en tu beso.
Desatar el círculo de mis dedos en una tempestad.
Embriagarme, clavar mis ojos al rosal de tu sonrisa.
Y morir. Si, morirme vivo si fuese necesario,
como vivo muere el tiempo en un instante.
Caen tus labios sobre el crepúsculo de mi boca
a la manera de un viejo soneto recién nacido.
En tu raíz sedienta colmada de lunas
mi corazón gira en un remolino de espigas
deshojándose en el viento con sus ojos abiertos.
Quiero desarraigar el deseo que persiste en mi pecho
Insoluto, desbocado, en un abanico inmenso.
¿Quién eres tú, mujer, desconocida y poblada de ecos?
Dime, ¿dónde está tu viruta de estrellas caminando,
tu pasión furiosa anudada en mi cuerpo?
Emerge tu piel ondulada, tu mirada ávida y firme,
abandonando mi corazón en un cauce infinito
de ternura y de amor, de esperanza y deseos.
Pero la hora de amarte aun no llega, y yo te amo,
en silencio como los muelles en el atardecer.

Espejo de mi alma entretejida con hilos de oro
en ti se acumulan mis guerras, mis naufragios.
De ti se alzan los veleros de mi canto; el alba,
Las silabas sin nombre y la proa de mis anhelos.
Me siento como un faro rodeado de tu amor.
Pero la hora de amarte aun no llega, y yo te amo.
A F.M
© Emmanuel Milla-Gatica 2012
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