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Percibir, Sentir y Razonar

Selección de poemas de la obra "Rapsodia de la Viuda Blanca"

Poesía, el 28/09/2011 por Emmanuel Milla-Gatica

 
 
 
 
 
 

POEMA DE LA TIERRA (TELLUS MATER)
 
La tierra es un lucero dispuesto a ser una sepultura, 
dispuesto a ser un árbol,
un volcán, una fuente en el corazón de todos. 
Mi piel esta dispuesta a ser la sepultura del corazón.
 
 
 
Mi cuerpo es un árbol que desde sus raíces acaricia los senos de la tierra,
una secular paloma en su cabeza,
en sus labios y en sus ojos.
 
Que mi mano sea el hortelano que dulcemente
y sin descanso
labra el llano y el barbecho
donde nace su inagotable besar.
 
Haré un hoyo en el campo y esperaré
a que la tierra venga,
que baje por mi garganta con su cuerno
y su tintero
su collar de cencerros escritos en mi lengua.
 

 El Gallo que no deja dormir
 
 
Qué pueden las tutelares rocas,
el cumulus estridente del  mármol, que no pueda mi corazón.
Qué seria la palabra, el sordo rencor del silencio,
sin mis manos y el clamor de mil cuchillos.
 
El amanecer lleva una pena
que ninguna lágrima puede consolar,
es como el rocío amargo o las arañas del sol
cuando este no cesa de llorar.
 
Qué serias tú, mi mortal imperecedero
sin los heridos murmullos de un zorzal.
 
Qué sabes tú de penas y de dolores
si solo cicatrices llevas en el callejón.
He recorrido caminos y caminos,
huella tras huella mi polvo he dejado,
sobre el  teclado la paz no derramada
y el virgen mirar de las palmeras.
 
Qué sabes tú de senderos y de la piedra
si de la tierra aun no levantas el pie.
nunca la huella será el andar,
lo que hace la huella es la verdad.
 
No se, si mi sangre será mas sangre que mi sal,
o que el desconsuelo vale más que una pena
Como el eco suspendido a tu sonrisa
mas venas no pueden ver lo que mi sangre lleva.
 

Qué sabes tú del amor y del negro serafín del amor,
si en tus venas solo corre la sangre, la arrogancia,
y el ímpetu sordo de la posesión.
 
Sentado voy
como una huella sobre el  polvo,
sin el cansancio ni el sudor,
resucitando cóndores, desenterrando ataduras,
solo un gallo canta, sangra y canta
con una sencillez de estrellas
en los múltiples pezones de la urbe.
 
 
 

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